7 dic. 2013

Confesiones de San Patracio Abstraccionista (el cura que supo cómo salvar el mundo)



Día uno
Querido diario, estoy enojado. Ayer presencié, junto al resto de mis hermanos, el supuesto acto de levitación de Fray Alcanfor. Este hecho no sólo contradice las leyes de la Física, sino que se atreve a poner a prueba mis apodícticas predicciones sobre el futuro de los reactores nucleares. Hoy solicité por escrito a su Santidad un Concilio Vaticano para discutir tan escandaloso caso de fraude.

Día dos
Adorado diario, sólo tú me comprendes. En ti encuentro consuelo al distanciamiento y la incomunicación que hay al seno de la Iglesia. La respuesta que obtuve del Papa León XXVIII no puede ser más absurda, carente de sentido. Es obvio que el Alto Clero y yo hablamos lenguas distintas en lo que a ciencia respecta. A continuación transcribo con exactitud el telegrama que me envió su Santidad:
¡GRRRRRRR, GRRRRRRRRRR, GRRRRRRRR!
                                                       Firmado: León XXVIII
Día tres
Idolatrado diario, por fin logré comunicarme por teléfono con el Vaticano. Sin embargo no pude exponer íntegramente mis puntos de vista, porque a cada rato me interrumpían los rugidos del Santo Padre. El saldo de la llamada se agotó antes de llegar a la parte en que defiendo el uso del uranio empobrecido como agregado indispensable de la pasta dental. ¿Te das cuenta? ¡Apenas pasé de las primeras setecientas páginas introductorias del informe científico, concernientes al papel de la levitación y la marihuana en la Guerra de los Cien Años!

Día cuatro
Ante la sordera de las autoridades de la Iglesia, decidí recaudar fondos para comprarles aparaticos auditivos. Estoy resuelto a hacer escuchar mi trascendental protesta. Desde el principio he contado con la adhesión del Dr. A Embud Patafísico y su Centro para el Apoyo a Causas Incomprendidas, Incomprensibles e Inútiles. La colecta comenzará a raíz de mi Ciclo de Conferencias sobre los Extraños Vínculos entre el Pez Morsa, las Cloacas de París y los Jugos Gástricos, que contiene un revelador acápite-resumen sobre los últimos días del monje Rasputín y su posible encarnación en un coala. 
Día cinco
El muy pérfido Fray Alcanfor supo de mi plan maestro y se apareció en medio de la Conferencia disfrazado de Mozart, tocando una chirriante pieza para piano. Ello distrajo la atención de ciertos sectores incultos del público, quienes de esa forma desestimaron poner atención a mis trescientas tesis apodícticas sobre la Teoría del Puerco Espín, de gran trascendencia en el futuro del pensamiento occidental. No obstante, ante esta provocación conté con el apoyo de A. Embud y los suyos, quienes de inmediato iniciaron una escalada auditiva contra el grupúsculo pro Alcanfor. En un primer momento y gracias a un equipo de voceadores ambulantes traídos a ex profeso, prevalecieron los embudistas. Dicha hegemonía pronto fue fuertemente cuestionada, cuando sus oponentes colocaron una sirena de bomberos en medio de la sala. Este detonante sirvió de casus belli para un magno enfrentamiento que incluyó el uso de todo tipo de arma auditiva de destrucción masiva, desde un tibor de aluminio hasta grabaciones de ópera, grupos de Heavy Metal y tocadores de timba.
La primera tregua tuvo lugar con el objetivo de que detener el derramamiento de bulla. En ella ambas partes intentaron un acuerdo para reducir sus arsenales de guerra. Los alcanforistas partieron públicamente dos mil discos de Iron Maiden como gesto de paz (se rumora que aún conservan otros cien mil, con grabaciones de Black Sabbath). El embudismo fundamentalista estimó como insuficientes los pasos dados por sus contrarios, y solicitaron el desmantelamiento inmediato de los equipos amplificadores colocados en la región fronteriza de la sala de conferencias. Sin embargo, los círculos gobernantes de las potencias contendientes lograron un status de armisticio, que si bien no incluyó el cese definitivo de las hostilidades, al menos fijó una demarcación territorial y solicitó la presencia de observadores internacionales.      

Día seis
El Papa León XXVIII resultó ser el Jefe de la Delegación de la ONU para la paz. Recordé que debido a la guerra, el ciclo de conferencias apenas había recaudado lo suficiente para comprarle al Sumo Pontífice medio par de aparaticos auditivos. Mis esperanzas de ser escuchado se reducían a un 50 por ciento. No obstante, lo intenté y, tras instalarle a Su Santidad uno de esos pequeñitos dispositivos en su oreja derecha, comencé a gritarle, íntegro, el genial ciclo de conferencias. Pero los oídos del Papa (posiblemente tupidos con Alcanfor) eran inmunes a toda letanía. Al final, León XXVIII, emitiendo apenas unos cuantos rugidos, se retiró en su carruaje papal.
Día siete
Debido a la circunspecta ambigüedad de las declaraciones del Papa sobre la guerra (cito textualmente: GRRRR, GRRRRR, GRRRRR), ambos grupos hicieron sus particulares interpretaciones sobre dicho arbitraje. Unos veían en esos tres rugidos un espaldarazo discursivo a la consigna de embudismo fundamentalista internacional: “¡Libertad, Igualdad o iros a la mierda!” Otros creyeron que en realidad el Pontífice quiso decir: “¡Embudistas de todos los países, jodeos!” Una tercera vertiente, autodenominada “Los Templarios”, interpretó los rugidos del Pontífice como una clave para hallar el Santo Grial, el más destacado de esta secta era Indiana Jones.  

Día Ocho
Resulta ser que el siete es un número mágico, sin embargo he llegado al día ocho, lo cual deviene en mal presagio. Mi lucha por reivindicar teorías que salven a la humanidad va de mal en peor. Resulta infamante que exista tanto desinterés por el futuro de todas las religiones, los panes con picadillo, y todo cuanto de trascendente y cabalístico existe en este mundo. Por supuesto que la misión de Naciones Unidas liderada por el Papa se disolvió sin acuerdos y la guerra del ruido ha proseguido, salvo periodos de calma. Fray Alcanfor y su acto de levitación, la credulidad de todos los que alelados piden dicho espectáculo, han llevado el mundo de Hollywood a la quiebra del buen gusto. Mientras tanto, sufro de una de esas crisis de creatividad que van atrofiando mis sentidos, no me extraña que dentro de poco tiempo yo sea un perfecto cretino, todo por la frustración que carcome mi cerebro.

Día Nueve
Io creer que ser día nueve, un númhero muy imbécir, ci tenko en Kenta que cazi pierldo la nozzziom del hidioma, la vrutalidad es konzecuenhia de Fray Albambor, el ruodo en la sala era un mozart que sonava a bala. Yo piensar algo, pero mí muy frustato y mientras el Papa no responde llamadas, rugidos  gravaos en su celular, grrrr.       

Día Diez
GRRRRRRRRRR…….·$%&/ **** LADO DEL RUIDO, MOZART, YO ERA YO.