9 ene. 2014

El año nuevo y el escribidor


El año nuevo me sorprende en la inmensidad de la página en blanco, de la palabra ausente y el silencioso micrófono. Lo tomo con calma, el periodismo no es cuestión de apuros, más bien de aplomo. Y de esa paciencia se van nutriendo los papeles de quienes comentamos, cronicamos, informamos y otros quehaceres de este mundo polifacético de la radio. Cuando era estudiante, me parecían falsas aquellas columnas de domingo, donde los escribidores (sí, dije escribidores), hacían gala de una melancolía rara, libresca, periodística.
Como otros muchos colegas he sentido esa soledad de la página en blanco, único punto de partida hacia lo banal o lo pertinente, lo malo o bien hecho en las lides del comunicador. Tuve que despedir duelos, hice de sabelotodo, me creyeron poseedor de cualquier destreza humana…en fin; a un año y pico de graduarme tengo en mi piel las heridas y las bienhechurías de un oficio calificado de: peligroso, interesante, útil, temerario, aburrido, tímido, burlesco, valiente e incluso con las sencillas palabras de lindo y bonito.
Una carrera que versa sobre todo y a la vez de nada; donde todo y nada vale. Los periodistas, los enemigos de la página en blanco, de la sociedad en blanco y negro; nos la pasamos buscando grises, tonos, sombras y eso es lo único que espero del 2014. Que el trabajo nos traiga todos los retos, y sepamos ser dignos de ellos. Que como buenos escribidores llenemos las cuartillas con palabras llenas de significados valientes y útiles.
Voy llegando al final de este comentario, que físicamente asume la forma de una cuartilla repleta de palabras. Al parecer cumplí mi cometido para hoy, veremos si mañana, ese mañana nunca alcanzable, logro lo mismo. Por hoy, feliz año nuevo y que las buenas y malas nuevas sigan llegando al teclado filoso del periodista.