17 dic. 2012

Deformidades Perfectas



He aquí el mundo de las rarezas, las deformidades, monstruos que atesoran belleza. Ese universo diletante, peregrino. Siempre quise ser circense, gitano, nómada, mongol. Tardes en que agarraba una cimitarra de madera e iba a soñar a algún basurero, donde florecían esas bestias amables que llamamos imaginación. Ahora ha vuelto a la vida el payaso de sonrisa fatal y la grotesca araña que todo lo petrifica. 
Veremos este año, si el frío y los tiempos lo permiten, una regresión a épocas estrafalarias, ilógicas. El realizador Alejandro Calzada se ha puesto a divagar como buen artista y de su cerebro han salido criaturas horrendas. Andan con sus destrozos, mirando de reojo a todo irreverente, imponiendo su fealdad.
Ahora camino entre ellas metamorfoseado en ese niño alucinante de antaño, que imaginó otros mundo en un basurero. Las lombrices parlantes, las hadas eróticas, aventuras sin rostro, novelas no escritas. He invitado a esta parranda a mi amigo H.G. Wells, pues sólo faltan sus platillos o, mejor aún, aquellas máquinas con piernas que destruían con un rayo luminoso. La hora está hecha para rarezas.
 Los caminos de alucinación pasan por la escritura automática, la embriaguez, el club del hachís, el Spleen de París, Baudelaire fajado con Satanás en Montmartre, un albatros que cae incendiado como Zepelín, en medio de la noche parrandera. Como dije, son tiempos de extrañamiento y estas obras cobran vida y sentido. Quizás quieren expresar una angustia insospechada, o son las huellas que nos quedan de una historia devenida en ficción, contada mil veces, legendaria a pesar de  su presencia real, aquí, ahora.