27 dic. 2012

Nuevos ataques de corsarios y piratas




El robo de fuegos artificiales en las parrandas es una constante que de un año a otro va in crescendo, de nada vale la indignación de los amantes de Remedios. Esos nuevos corsarios y piratas, que armados con todo tipo de filos y contundencias asaltan nuestra villa en busca del preciado producto, no entienden de reglas de urbanidad. Lo demostraron una vez más este 24 de diciembre, cuando a sangre y fuego lograron detener la celebración de las fiestas, ocupando una de las áreas dedicadas al disparo de voladores y morteros. Sólo se hizo posible la persuasión a través de la fuerza y mediante una mayor presencia de guardias especiales. No obstante, la venta ilegal de explosivos prosiguió a lo largo de la noche, lo cual provocó una sustancial degradación de las entradas. 
Ya es penoso que personas de otras partes de Cuba y el mundo tengan que ver un espectáculo tan lamentable, más aún este año, cuando se hallaban en Remedios los miembros de la Comisión Nacional de Patrimonio, evaluando la calidad  de los festejos. Las parrandas como celebración nacional, necesitan de una fuerza de seguridad mucho mayor y más efectiva. No basta con cercar las áreas, si se permite que los mismos artilleros entren en componendas con los piratas y corsarios. Falta además el control sobre las salidas de la ciudad, para fiscalizar la extracción del producto explosivo contrabandeado.  Este año el sistema de seguridad no estuvo a la altura de las circunstancias y ello empañó la calidad de las fiestas. Así de simple.
Tomen nota de ello las autoridades municipales, así como los órganos del orden público. Pues alguna solución debe buscársele a un dilema que lleva varios años aquejando a las parrandas remedianas. De nada vale justificarse detrás de razones absurdas, como el decir que las fiestas son demasiado concurridas y por tanto de nada vale el esfuerzo de las fuerzas de seguridad. En el caso muy extremo de que así fuera, siempre se puede cercar la plaza y fiscalizar la identidad de quienes acceden a la misma, pero lo que sí no puede proseguir es la violencia vulgar que ofende la decencia de los verdaderos parranderos de Remedios. 
Por el momento, les propongo las siguientes medidas, las cuales han surgido de mi contacto con el pueblo en estos días de jolgorio y preocupación por la salud de la tradición mayor de esta villa.
-En primer lugar aumentar la presencia policial y de tropas especiales en las áreas de disparo de explosivos.
-Establecer puestos de vigilancia en las principales entradas de la ciudad, para frenar la fuga de los corsarios y piratas.
-Coordinar previamente con el grupo de artilleros de cada barrio, para delimitar las áreas de disparo.
-Tomar medidas severas con quienes sean detenidos en el delito del contrabando de explosivos.
-Las parrandas no deben detenerse bajo ninguna circunstancia, por tanto si se da el caso de un grupo de corsarios que quieran ofrecer resistencia violenta, las brigadas de respuesta deben actuar rápidamente y con contundencia.
Hay muchas otras medidas, por ahora esas son las que recojo entre quienes se preocupan por el espectáculo del pasado 24 de diciembre, cuando una de las mejores parrandas de la historia se convirtió en un episodio lamentable de contrabando y violencia. Tanto las autoridades del orden como el gobierno municipal ya las conoce, pero aún no encuentran la fórmula que destierre para siempre el contrabando de explosivos. Por el momento la felicitación al pueblo de Remedios y a los dos barrios, por darnos un excelente espectáculo, no obstante la presencia de esos seres inescrupulosos que como modernos piratas y corsarios llegan en sus almendrones norteamericanos de los años 50, armados de cuanto objeto cortante y contundente exista, en busca del preciado producto explosivo.