19 dic. 2012

Yo, Lino, firmante del manifiesto surrealista


Lino, a la entrada de La Jungla
 
En las calles fantasmales, entre portones que sirven de refugio a piratas viejos y modernos; florece la ruptura, la irreverencia. Lino Lobatón es uno de los  firmantes del Manifiesto Surrealista Remediano, junto a otras célebres rarezas como el milífico Julio Problema o Lucía la Loca Ilustrada. Descendiente directo de Tristán Tzará el líder del movimiento dadaísta, Lobatón dedicó toda su vida a la creación de una obra original, única de su tipo en el mundo: La Jungla.
En Cuba hay dos junglas famosas, porque muchos han pasado por casa de Lino: periodistas, escritores, pintores, cineastas, ¡generales y doctores! Ello ha convertido este lugar en algo así como un fetiche de la cultura, al igual que el archiconocido cuadro de Wilfredo Lam. Llamativo es el aire desacralizador de estas instalaciones caseras, donde lo mismo se halla un tibor que un grabado del siglo XIX, ambos situados al mismo nivel artístico, porque todo en el universo tiene un lugar y una importancia. Tal es la filosofía de Lino Lobatón,  La Jungla no carece de códigos y fundamentos.
El Universo de Lino, con estrellas, galaxias y agujeros negros
Cualquiera diría que se trata de un lugar incoherente, donde las piezas se suceden sin jerarquía, por el simple placer de conjugar mensajes disímiles. Incluso no ha faltado quienes reclamen al Centro Municipal de Higiene, para que se desaloje a Lino de la casa, alegando la proliferación de suciedad y plagas.  Nada más alejado de la realidad, pues Lobatón es un hombre sensible, artista nato, de una sabiduría que representa lo mejor del pensamiento y la religión universales. No es extraño oírlo disertar sobre el budismo y las creencias yorubas, al tiempo en que se dice católico.
La sala principal reúne los íconos de esa mezcla de razas que conforman el código humano, destinado a conquistar las estrellas, a poblar los más distantes planetas. Ahí están el negro con su cayado mágico, el asiático protegido por el dragón y una bella europea, cuyo arreglo de cabello podría situarse en la era de Luis XIV. El corredor se encuentra flanqueado por mapas del universo, con estrellas, galaxias y agujeros negros, donde aparecen representados los mundos posibles e imposibles. Todo puesto con especial esmero, en una irreverencia que raya en lo exquisito.
Esta casa es el único museo doméstico de arte naif que conozco. La propia actitud de su autor resulta daliniana, “el hombre está destinado a alcanzar la paz y la unión con su Máximo Creador, sólo así serán poblados todos los planetas”, me dice, mientras alza las manos en señal de fe. Luego está la alcoba, decorada primorosamente con recortes de la prensa, donde aparece un recorrido por los íconos de la cultura cubana: Martí, la Revolución y sus figuras, La Habana de distintas épocas, la Virgen de la Caridad. Aquí la desacralización es total: partituras de García Caturla junto a anuncios de jabón Candado, Santa Bárbara siendo reverenciada por un negrito de yeso sin cabeza, un rey egipcio que extiende sus brazos ante una colección de infinitos calendarios colgados en la pared, Jesucristo rodeado de comprobantes de una tienda por divisas…un sinfín de mensajes a cuáles más excéntricos.
La Virgen de la Caridad, en La Jungla.
 “Aquí le rindo tributo a Cuba  y la Virgen de la Caridad del Cobre, que Dios bendiga a todos y se propague la paz mundial”, me dijo Lino Lobatón, el autor de esta Jungla, que conjuga ingenuidad, belleza y sabiduría. “A veces me siento en este trono, me pongo mi capa y mientras oigo Radio Enciclopedia, observo las estrellas”, agregó mostrándome una silla giratoria, cubierta de una exótica decoración. “Por acá pasan muchos periodistas, de distintos países y yo les digo que tienen que respetar la naturaleza, que es todo, mientras exista la vida habrá lugar para el entendimiento. Remedios es un sitio único, la ciudad más bella del mundo, la única que tiene dos iglesias católicas una frente a otra”. Este señor es una muestra del espíritu de encanto que abunda en la villa.
La Jungla, casona colonial situada en la calle León Albernas, está habitada por la magia de cinco siglos de historia. Hechicería que alcanza los ribetes de arte culto por lo refinado de su mensaje filosófico. Lino Lobatón es artista de lo surreal, firmante de ese documento misterioso donde aparecen los nombres de tantos piratas, fantasmas y brujas que por aquí pululan. Ataviado con su casco de constructor, usando una capa de Superman, con una lanza en una mano y la bandera cubana en la otra; el creador es un espíritu que desafía las concepciones y rigideces de todos los tiempos.