5 ene. 2013

Sintiéndome un solitario muchacho software


La vida, dicen, es un cambio constante, pero llegan períodos monótonos, trabajar sobre lo mismo, ir a la empresa correspondiente a ver al jefe con cara de jefe. Sonreír mientras se pregunta por los planes productivos y preparar la minuta periodística del día. Pero este post no puede versar sobre mis malabares de encantador de serpientes, ni acerca de esa rara habilidad de sobrevivir  la rutina.
Digamos que hablo de experiencias raras, supongamos que el teclado me traiciona y aparezcan aquí develados mis miedos más profundos, los secretos de un alma inesperada. Pongamos por escrito la posibilidad de que un ser totalmente distinto comience a tomar vida desde las letras del post, transformándose en alguien paralelo. Como colofón ese individuo es capaz de escribir otra entrada, en un internet parecido, donde me increpa, llamándome falso.
Pensemos en ello por un instante, y sabremos por qué resulta absurdo afirmar que existimos y que otro ser no nos sueña. El mundo como ilusión, como imagen. Algo totalmente lógico si miramos la ilógica monotonía, que resta sentido a nuestras vidas. El ser paralelo, auténtico, vivo, se levanta desde su ordenador y me dice: “mírate, no eres más que mi mala copia, una pésima creación literaria”.
La vida rara del periodista que va grabadora en mano, buscando una noticia que no es tal, el sospechoso catarro de fin de año que parece programado desde el mejor ordenador, la anciana obscena que pensaba decente y de pronto en un robótico cambio me ofrece sexo… Tantas coherencias e incoherencias  me hacen concebir la idea de una mala historia, de un aborto de ficción, tejido desde plataformas digitales, por blogueros reales. Ello me convierte en una triste cajita china.
Desde mi cajita china, frente a una computadora vietnamita, intento sentir la presencia de mi ser, dejando inútilmente los rastros de una vida a todas luces inventada. Sintiéndome un software solitario. Voy a dedicarme este post mientras no se  me quita un catarro a todas luces programado. Pienso en mi vida como una burbuja diseñada en códigos binarios, a punto de estallar, para convertirse en otra aplicación.
Sintiéndome un solitario muchacho software, me quedo escribiendo, sin esperanzas, mientras del otro lado alguien del mundo real desconecta el ordenador y dice que no valió la pena.