25 mar. 2013

Bloqueo mental

Frente al papel sentía bloqueo mental, pero no bien salía a la calle y las ideas le comenzaban a surgir. “Simplemente no puedo escribir lo que siento”, se quejaba. Pensó que anotarlo todo en un papelito mientras caminaba por la ciudad era la solución. Tampoco dio resultado: el bloqueo se tornó persistente. Vio entonces que su carrera estaba acabada, que nunca más escribiría. Envidió a los demás autores, a quienes creía afortunados, llenos de inspiración y capacidad de trabajo. Estuvo años compadeciéndose, carcomido por esas ideas que lo asaltaban en plena calle y que luego languidecían como estrellas moribundas. Como había dejado de leer las revistas literarias, no se dio cuenta de la total ausencia de las mismas, ni del cierre de las librerías, ni de la quiebra de las editoriales. Mucho menos del suicidio de la mayoría de los escritores contemporáneos. El bloqueo era una plaga generalizada, todos hablaban de la muerte de la literatura. Él simplemente no se enteró de nada y durante muchos años, antes de quitarse la vida, tuvo esas ideas grandiosas, bellísimas, en plena calle, que excedían su capacidad de escribir.