11 mar. 2013

El provincianismo está en cualquier parte

“Es un desperdicio de talento”, así definió una amiga mi trabajo en este blog, pues según ella poca o ninguna salida tiene una página escrita desde un pueblito de provincia, por un periodista desconocido. “Sal de ese campo o serás un viejo barrigón y solitario, con la casa llena de perros”, sentenciaba, tranquilamente, como una profetiza. Confieso que la imagen me aterrorizó, de pronto vino a mi mente un tipo gordo, calvo, sin nombre, alimentando a los perros callejeros. En fin, una locura de decadencia.
En momentos en que me siento aislado de todo, con el alma solitaria, tales palabras pueden hacerme mucho daño o beneficiarme. Hace poco leía un artículo de un periodista cubano sobre los defectos de nuestra carrera. Decía que uno llega a este negocio esperanzado por acceder a la cultura, por viajar, intercambiar, conocer. Sin embargo, según pasa el tiempo, quienes nos rezagamos en medios municipales nos vamos anquilosando, entre reuniones, actos, coberturas sin interés. Mi amiga no está del todo desacertada: un blog, escrito desde un lugar donde nada pasa, es casi un acto de heroísmo o cuanto menos una especie de harakiri. 
Pero salir de este campo no resulta tan fácil, por muchas razones. En particular porque en todo país existe una élite cultural, altamente competitiva, donde el talento no siempre es bienvenido. En las pocas ocasiones que tuve contacto con elementos de esa “cumbre”, percibí tal malsanidad. Poseo amigos que están en la capital, que a pesar de su brillantez, vegetan en anodinas redacciones, sin llevar a cabo el reportaje de sus sueños. Así que no es tan fácil, amiga mía.
De todas maneras la imagen de los perros me aterra.
Pero, en la escala de nuestras ambiciones periodísticas, un medio de municipio es la última carta de la baraja. Recuerdo que no fueron pocos quienes en quinto año de la carrera se burlaron de mi ubicación. Incluso la decana, en el momento de informarme sobre el particular, puso cara de lástima: “vas para Radio Caibarién, ¿estás de acuerdo?” a lo que yo respondí con un resignado y tímido “sí”.
No es que yo me crea merecedor de nada, aprecio la buena acogida que me han dado en este lugar, donde hay personas maravillosas y otras no tanto, como en todos los medios de prensa. Además, he tenido el espacio y la libertad para trabajar que quizás nadie de mi curso haya disfrutado en estaciones y periódicos nacionales y provinciales. Aún así, cuando  los encuentro en el chat de faceboock, ellos me preguntan: “pero… ¿de verdad te sientes bien allí?” Y se quedan como atónitos cuando les doy un sincero y escueto “sí”.
Las élites nunca me interesaron, siempre me llamó más la atención integrar la contrapartida de las cosas, ser de alguna manera el contrapoder. Porque la mediocridad y el talento son los mismos aquí, que en La Habana. Esa cumbre de intelectuales, que viene a veces a nuestros pueblos a hacer sus estudios folclóricos y a decir frases de colonizador, demuestra con su accionar y palabras que “la capital es Cuba y lo demás áreas verdes”.
Viejo dicho que tiende a magnificar la importancia de un espacio geográfico sin dudas privilegiado, donde la cultura se concentra en pocas manos, mientras muchos vegetamos en provincia. Un periodista residente en la capital, hace unos meses me decía que acá teníamos veinte años de atraso, lo cual me pareció una visión exagerada del asunto. Estas perspectivas tienden a reforzar el complejo de inferioridad de las provincias, y con ello la tendencia a la automarginación que tanto florece en los pueblos de Cuba, donde poco o nada sucede.
Si nosotros mismos asumimos pasivamente el mensaje hegemónico de La Habana como centro y el resto como periferia, difícilmente saldremos de la actual situación de aislamiento. Porque el provincianismo, más que una fatalidad geográfica, es un estado del espíritu. Y las élites capitalinas, con su discurso gastado, tienden a reproducir fenómenos del pasado colonial que bien poco se avienen con el modelo de desarrollo equilibrado y sustentable a que debemos aspirar en el siglo XXI.
Pienso que es necesidad de cada cual trabajar de manera óptima, esté en el sitio que esté. Llevar al máximo nuestras capacidades y continuar cultivando el intelecto. Lo contrario sí que sería un verdadero harakiri. Asumir el modelo centro-periferia como parte incurable de la vida en provincia, no sólo nos daña, sino que recrea un ambiente de decadencia y dejadez, ahoga cualquier intento aislado por insertar un poco de cultura y pensamiento crítico en el seno de estos pueblitos. 
Por ejemplo, me viene a la mente la imagen de Caturla, aislado en su  San Juan de los Remedios, a inicios del siglo XX. Nunca mejor usados estos calificativos, para definir la situación de un artista de la vanguardia universal, cuya magna obra fuera abucheada por la mediocre chusma de aquellos tiempos, durante una presentación en el entonces Teatro Miguel Brú. De no ser por su origen burgués, por su carrera de abogado, por su contacto con la Revista de Avance y el Grupo Minorista, dudo mucho que el talento del músico se hubiese desarrollado. Todavía hoy existen remedianos que recuerdan más a Caturla por sus esposas negras que por sus aportes como artista o jurídico.
Y es que en la etapa republicana se consolidó el modelo centro-periferia al interior de Cuba, mal que aún no logramos extirpar. Remedios, ciudad vieja y decadente, municipio despojado de toda importancia, dormitaba en los brazos de una pequeña burguesía, que tampoco era tomada en serio por los dueños económicos del país. Sin puerto, ni grandes riquezas, el pueblo de Caturla se automarginaba y poco podría entender de la genialidad de ese hijo díscolo, que componía locas piezas hasta bien tarde en la noche.
Pero contra ese espíritu provinciano luchan los buenos de alma, para llevar lo mejor del pensamiento y el arte a su lugar de origen y prender la llama de la creatividad. A los que vivimos en latitudes no capitalinas nos acecha el sucedáneo, lo banal que invade incluso y sobre todo los espacios oficiales, donde debería promoverse la verdadera creación. Así, una semana de la cultura es interpretada como un jubileo reguetonesco, donde prima la tarima de altavoces, el alcohol de timbiriche y a lo sumo una presentación de la Original de Manzanillo con los temas de siempre.
No quiero pecar de extremista con tales criterios. Vayan a San Juan de los Remedios, ciudad con casi quinientos años de fundada, de una historia ancestral y valiosa, legendaria…. La semana de la cultura en dicho pueblo sin embargo no expresa la riqueza y la importancia de nuestro pasado, ni mucho menos lo que hoy se puede hacer para retomar y vitalizar ese espíritu único, sin dudas de privilegio. Entre las ocho primeras villas fundadas por los españoles en Cuba, Remedios es y será por el momento la última, en todo el sentido de la palabra. 
Quizás a ese provincianismo se refería mi amiga, cuando trajo a mi mente la imagen de un viejo gordo y olvidado, con la casa llena de perros. Por suerte, sé que más que una fatalidad geográfica, ese estado pertenece a una dimensión espiritual decadente. Todos en alguna medida han sufrido el provincianismo, en La Habana, en Londres, en París, en Buenos Aires…en Remedios, en Zulueta, en Camajuaní, en Sagua la Grande; pero sólo unos pocos supieron elevarse. Y punto final, no quiero seguir dilatando este post, después de todo ustedes coincidirán en que el talento y la mediocridad florecen en cualquier sitio.