29 jun. 2013

Desde un lugar lejano


Los escritores de ciencia ficción se reunieron urgentemente, la llegada de los marcianos era una amenaza para el negocio editorial. ¿Quién se interesaría luego por leer  sus historias?  
En el pasado, Norman Filmer, un escritor pulp y mediocre, recibió una herencia de su tío, un científico loco, que pasó su vida investigando los misterios del agua tibia. 
“Testo a mi sobrino, todos los tanques, cubos, galones, botellas, vasos plásticos y de cristal, llenos de agua tibia, que conforman el resultado de mis esfuerzos. También le dejo algunos trastos insignificantes, frutos de investigaciones menores, como el platillo volador que está tirado en el fondo del patio.”
Los vuelos de Norman Filmer en platillo, crearon en el mundo una fiebre por los avistamientos extraterrestres, que puso de moda la literatura sobre el tema. El otrora muerto de hambre escritor pulp, fue el más exitoso. Sus relatos de marcianos eran Best seller. Aunque la crítica encontraba estos textos técnicamente mediocres y facilistas, el público amaba la familiaridad con que el autor describía los platillos voladores, como si los hubiera visto.  
A la muerte de Norman Filmer, la producción de ovnis y la literatura sobre extraterrestres era ya toda una industria, controlada por un trust de escritores de ciencia ficción. Para la manufactura de los productos, los nuevos accionistas inventaron un calidoscopio que les ahorraba tiempo y trabajo. La maquinaria, similar en tamaño y funcionamiento a una fábrica de acero, le dio empleo a un gran número de personas, las cuales ni se imaginaban que, en lugar de barras de metal, producían cuentos, guiones de películas, novelas y series televisivas y radiales de ciencia ficción.
Nadie, excepto el gobierno y otras grandes organizaciones coaccionistas de la Filmer Corporation, como la propia NASA,  sabían que todo lo referente a los extraterrestres era inventado, simple y barato, pero rentable, producto comercial. A veces el calidoscopio presentaba problemas y los cuentos perdían atractivo para el público. Era necesario introducir un ingrediente nuevo, como las abducciones. Pero antes se creaba el interés en los lectores, raptando a varios de ellos en los platillos, para devolverlos luego, ya convertidos en instrumentos de la mercadotecnia. 
La innovación de nuevos tópicos no resultaba fácil para los accionistas, pero era necesaria para que la economía global funcionase. El recurso de los dibujos gigantes en los campos de maíz, por ejemplo, salvó al mundo del mayor colapso financiero desde el crack del 29.
Esta sorpresiva visita de los verdaderos extraterrestres era una amenaza para todos. Porque, sacado del halo de misterio que los escritores de ciencia ficción tanto cuidaron, ya el tema no sería la gran cosa y la Filmer Corporation, se condenaba a vender sus acciones a compañías más pequeñas, productoras de argumentos policiacos o de terror.
Por eso, decidieron negociar con los marcianos.
Los platillos voladores estaban en medio del desierto, rodeados por fuerzas del gobierno, cuya misión secreta era asegurar el área.
Escritores y accionistas se sintieron como en casa, al encontrar que todo, los platillos, el físico de los extraterrestres, la forma de caminar de estos, era idéntico a lo descrito en los cuentos de ciencia ficción. La negociación fue corta. Los marcianos amenazaron con invadir el planeta, si no se dejaba de inventar tantas historias estúpidas sobre ellos, pero cambiaron rápidamente de parecer, cuando su contraparte les propuso compartir las acciones de la Filmer Corporation.
El ejército, las autoridades del gobierno y los escritores se felicitaban por tan brillante maniobra empresarial y se retiraron a celebrar la salvación del planeta.
Una vez solos, los marcianos se quitaron sus disfraces. Eran los críticos literarios, quienes, desde el triunfo editorial de Norman, no se rindieron en su lucha contra los relatos de extraterrestres. Habían ideado el engaño para dar fin a ese tipo de literatura que ellos consideraban tan mediocre.
Sin embargo, ser accionistas del emporio comercial más grande del mundo hizo que algunos dejaran la crítica por el ocio, y que otros comenzaran a escribir sobre las bondades de la ciencia ficción.
Esa noche, mientras los nuevos y viejos accionistas de la Filmer Corporation celebraban, no sabían que eran observados, desde un lugar muy lejano en el Universo.