30 jul. 2013

La Torre de la Mayor


Por Facundo Ramos
 
Hay que convenir en que Remedios tiene en sus dos parroquias, dos torres muy buenas y notables; dos especialidades.
Pero sobre todo la de la Iglesia Mayor es digna de ser detallada con mucho esmero y detención. Fue empezada a construir en el año de 1848 y se terminó en 1850. Hace tan sólo 45 años. La edificó el maestro de obras D. Louis Rolland; que hizo por entonces otros varios edificios, entre ellos la casa donde hoy se encuentra el Ayuntamiento.
Era vicario en esa época el célebre y querido Padre Bejerano, que con muchas simpatías y prestigio cooperó extraordinariamente a la construcción de la obra.
Esta vino a costar unos ochos mil pesos próximamente, de ellos 200 fueron presentados por D. Antonio María de la Torre, hijo de Doña María Manuela de Rojas que los testó para la reedificación del templo del Carmen, y como este no se llegó a reedificar, aplicaron esos 2000 pesos a la construcción de la torre;  con otras  varias limosnas que dio todo el vecindario, algunos auxilios del Obispado y varias funciones de teatro y corridas de toros que se dieron en beneficio de aquella.
Una de estas corridas se dio en la hoy Plaza de Recreo, en la cual trabajó muy bien el célebre Cenobio Morado, picador mejicano que hacía proezas con su caballo.
Para la construcción de la torre nombró el Ilustrísimo Sr. Obispo, una junta parroquial, en la que figuró como presidente  el Coronel Don Manuel José de Rojas y Rodríguez, el Presbítero D. Eusebio Bejerano, Cura Párroco; además de otros varios vecinos de importancia y representación.
Antes de concluirse la obra, el Coronel Rojas de resultas de un ataque apopléjico quedó inválido; pero así lo llevaban a ver los trabajos en un sillón al pie de la torre. En una de las veces que fue, ofreció regalar el reloj; lo que no pudo cumplir porque murió. Pero su hijo D Fernando de Rojas y de la Torre, su albacea, respetando la palabra dada por su padre, hizo venir de Boston un magnífico reloj  que costó 600 pesos y luego lo colocó a sus expensas; que es el que sirvió hasta el año 1888.
El primer pararrayos que tuvo esta torre lo costeó de su peculio Don Miguel Gerónimo de Rojas y de la Torre, hijo del Coronel Rojas.
Esa preciosa torre de nuestra Iglesia Mayor fue pues construida con los recursos del pueblo remediano que se esmeró por tener una cosa buena.
Y lo consiguió.
En toda la isla de Cuba, incluso La Habana, no hay una torre igual a la de la Mayor de Remedios.
Los remedianos deben  de estar orgullosos con esa joya, que no tiene rival aquí, ni en los más suntuosos templos de la Capital, ni en los de Santiago de Cuba.
Nuestro voto es débil; pero está apoyado por la respetabilísima autoridad del Obispo Fleix y Solanz, que vino a esta ciudad en 26 de enero de 1855 y se hospedó en la casa que ex profeso para él mandó construir el presbítero D. Jesús de Rojas (el Padre Chucho) en la calle de Mercaderes casi esquina a la plaza del Cristo.
En una casa se dio un banquete, y en él habló el Obispo Fleix y Solanz. Entre otras cosas dijo:
-“Quisiera para mi Catedral de La Habana la torre de la Mayor de Remedios.”
En efecto, esa torre gusta a todo el que despacio se fija en ella y la estudia con calma. Es el mejor monumento de Remedios.
Consta de cinco cuerpos separados entre sí por cornisamentos muy elegantes y artísticos.
El primero viene a ser como el pedestal o base de la torre y tiene en su cara del norte, incrustada una lápida de mármol que dice así: “PLAZA DE ISABEL 2 da  AÑO DE 1852”.
Los tres restantes vienen a representar en cada lado como cuatro pórticos artísticamente  construidos, con sus columnas, bases y chapiteles, sus intercolumnios respectivos y sus ventanas de medio punto, provistas cada una de sus balconetes.
Entre todas hay 48 columnas y 12 ventanas.
No se ha obedecido en la construcción a un orden arquitectónico fijo (como sucede, por ejemplo, en la torre del Buenviaje). Pues unos capiteles son del orden toscano, otros se parecen al dórico y algunos hay dórico y corintio; igual que las columnas, zócalos y cornisamentos.
Pero de esta mezcla de órdenes resulta un conjunto bello y agradable. En la variedad está el gusto.
El arquitecto otras veces separándose de los preceptos de su arte, hizo a su capricho algunas molduras y adornos que dicen bien al resto de la obra.
El quinto cuerpo está formado por una bien cortada cúpula que remata en una linterna de cuatro lados, en cuyo vértice está situada la veleta.
En el interior del cuarto cuerpo está colocado el reloj público, que presenta su esfera hacia la plaza.
Este nuevo horario se compró por el pueblo y le colocó Don Francisco Marín en 1888; a causa de que el antiguo estaba ya muy malo y no marcaba bien las horas.
 La altura de la torre es de treinta metros, su ancho exterior de seis metros cuadrados y el interior de cuatro.
Tiene cuatro campanas contando con la del reloj, y en todo su interior una buena escalera que llega hasta la cúpula.
 Desde los balcones más altos se divisa un magnífico horizonte, limitado hacia el norte por el mar y en los demás puntos por una pintoresca campiña adornada de ingenios, vegas, sitios de labor y montañas.
Es digna de verse esa agradable perspectiva, sobre todo si se ayuda el observador de un buen anteojo de larga vista. Está a salvo de las chispas eléctricas por un buen  pararrayos de moderna construcción.
 Ha sido pintada y retocada dos veces, después de concluida. Un hombre de color llamado Marcelino Berroa, que vino de Trinidad, la pintó él sólo auxiliado de unas cuerdas y unas tablas, en 1866.
Después en el año de 1893, siendo Vicario el respetable Padre Azcué, se ha vuelto a pintar y retocar al óleo por los señores Collado y Villa, a expensas del pueblo.
¡Hermoso era el aspecto que presentó esa torre en el momento en que se concluyó la obra y se retiró la andamiada!
Es indudable que es muy bella y elegante.
Cuando resulta mucho más su airosa construcción es cuando están frescas sus pinturas y reciente su retocado.
Cada 10 o 12 años se debiera hacer un esfuerzo y darla una mano de pintura, porque lo merece.
Todo lo fea y antiestética que es la Iglesia, tiene la torre de elegante, bella  y airosa.
Si algún día la piqueta demoledora llegase a destruir el templo, debe respetar la torre como hermoso modelo en su clase.
En ninguno de los suntuosos templos de La Habana (repetimos) como “La Merced”, se encuentra otra igual, ni parecida.
El pueblo de Remedios tiene una especialidad en su magnífica torre de la Iglesia Mayor, como no la tiene ningún otro pueblo de la Isla.

 
Nota:                                  
La hermosa “torre de la Mayor” se destaca airosa sobre todos los edificios de la vieja ciudad.  Hoy la blanquean con relativa frecuencia, pero desde hace más de treinta años no se le da pintura como sucedía en la época de Ramos; sin duda por lo costoso del material. La lápida de mármol desapareció en 1898 (véanse las páginas 12, 20 y 31, del tomo II de los “Anales y Efemérides de San Juan de los Remedios y Jurisdicción). El altar mayor es de moderna construcción y fue donado por la caritativa dama Da. Ana Escobar, vda.  de Martínez, en 1924. 

Facundo Ramos (1848-1912): periodista español radicado en San Juan de los Remedios a partir de 1873, fundador de numerosos periódicos y destacado intelectual, famoso por su rescate de las tradiciones del lugar.