17 feb. 2014

La negación de la negación de la negación de la negación....



No, no es mi novia (aunque es bonita, ojalá lo fuera); es una compañera de estudios y de profesión, juntos nos tomamos esta instantánea a inicios de nuestro trabajo en mi emisora, la CMHS.
Mi  labor en la radio dista mucho de lo que escribo para el blog, aunque los contenidos se trasvasan. A veces he tenido este asunto de las bitácoras como algo colateral, casi un juego, donde la opinión se vierte personalísima y sobran los complementos editoriales. A más de un año de existencia, este blog sobrevive como un náufrago, afiliado a unas pocas páginas que lo linkean y otros amigos casi tan solitarios como yo.
Ahora bien, ante una situación como la descrita, ¿por qué bloguear?, ¿qué pretendo? Se trata de darle curso a una necesidad humana antigua, la misma que llevó  los sonidos guturales hacia el lenguaje articulado y de allí a las primeras escrituras y literaturas más elaboradas. El fenómeno que asalta a tantos seres escondidos en medio de la oscuridad de las paredes a dejar testimonio de su estado silencioso. Pretendo que estos mensajes traspasen el tiempo y vayan a eternizarse en las redes, de manera que en el futuro, quién sabe si en una nave espacial, las generaciones tengan en cuenta la maña sociológica del hombre de decir siempre algo.
Uno de mis sueños al estudiar periodismo consistía en mantener una columna fija, de cierta periodicidad, en algún medio impreso. Y aunque aún aspiro a trabajar de esa manera, la realidad me llevó de cabeza a una radio de municipio, donde prima la filosofía de gacetillero. Me explico mejor: lo más importante en un sitio como este consiste en “marcar” diario con cualquier información, y ello lleva al periodista (de por sí un artista) a una machacona vida de escribidor de notas insulsas y de relleno. Una labor así dista mucho de la personalidad que todo comunicador debe construirse, del ser que transmitimos a través de nuestros escritos. Aquí llaman diarismo a este fenómeno, pero en verdad es un proceso de deslegitimación de la agenda pública donde lo aburrido ya se impuso hace mucho tiempo, por desgracia quienes queremos hacer las cosas bien, nos señalamos dañinamente como contrarios a ese procedimiento.
Atrás, en última fila, el primero de izquierda a derecha,  yo era un nene, con mis amigos de la carrera de periodismo en cuarto año.
Lo que sucede no es diarismo, sino pérdida del contacto con el público y deshumanización de la noticia en pro de preferencias directivas que ya de forma velada, ya abierta; legitiman una audiencia ilusoria. A propósito, mis lecturas recientes incluyen cierto libro de Julio García Luis, engavetado por quienes debieron propiciar un real periodismo en este país, texto que se llevó ahora con premura a las imprentas; pero que no se practica en las redacciones pertinentes. El autor, decano de la Facultad de Comunicaciones de La Habana, comunista honesto y presidente de la UPEC; fue quizás la persona más calificada para hablar sobre la problemática de la prensa. Él conoció los porqués y las circunstancias, y manejó certezas y falencias sobre el asunto en cuestión. Leyendo sus páginas, saltaba a la vista su defensa de la expresión como una herencia humana, un derecho patrimonial del hombre, cuyo escamoteo daña cualquier proceso sociológico. En otras palabras: la necesidad de dicha tarea una vez más como naturaleza elemental y motor del desarrollo. 
Mis compañeros de la CMHS, en el festival de la radio Santamareare, de carácter nacional. Yo inconfundible, por mi gusto de vestir de negro, el segundo de derecha a izquierda.  A todos en la foto los quiero mucho, y son muy talentosos.
Más allá de referenciar los conceptos y la señalización de que hay la necesidad de un modelo comunicacional de nuevo tipo para sociedades no capitalistas, el libro de García Luis me esclarece por qué resulta tan difícil realizar un periodismo de opinión, columnista, como el que soñé al entrar a la universidad. Tenemos que asumir que la posición de prescindir de dicha actividad, nos priva de un valioso espejo, a través del cual vemos nuestras arrugas, heridas, enfermedades y desgarros. Imaginen a alguien que nunca se mire en un espejo, y de pronto un día se asusta ante la aparición de su reflejo, de la muestra de su ser verdadero.
¿Por qué bloguear? Es lo mismo que intentar explicarnos nuestros sueños. Lo hago por la necesidad ancestral que llevo dentro, por el peso de los siglos, por la vocación que asumí consecuentemente y con valentía. Porque una opinión honesta halla siempre resonancias y aquiescencia entre quienes no anulan a Sócrates y se conocen ellos mismos. Blogueo llevado de la mano de un impulso que se niega a reconocer que esta radio es el “deber ser”, cuando en verdad dista de ello.  Y además con las miras puestas en un propósito casi místico, el de servir a la verdad que nos fue dada. Si por ese fardo que asumo en el blog se me juzga, sepan que creo en las ideas, en su moral y en la justeza. Si pudiese, transformaría este pequeño espacio en el espejo que necesitamos, en la columna que soñé, en ese pedacito de periódico donde pretendí sentar ágora. Ahora que voy de radialista, he intentado lo diferente y las etiquetas llueven, la más inocente de “idealista”; las infames me las guardo por vergüenza ajena. En fin blogueo por si alguien pensaba que esta plaza apagaría mi amor por las letras, ese río heraclitano que seguirá trasvasando su verdad. Quienes así me concibieron, subestimaron los siglos que se imponen, y encarnan ellos mismos una negación que terminará negándolos.