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18 mar 2014

Yo y los tira tiros en medio de la balacera




Este blog no lo comenta nadie. Seguro es porque no trata sobre temas que generen alta viralidad y si lo hace no manifiesta la intención de parcializarse con unos y atacar a otros. Recuerdo las lecciones de periodismo en la universidad, la manera en que nos imbuían de una teoría bastante simplona sobre el papel de la prensa. “No es el cuarto poder”, decía un profesor. “Es todo el poder”, repetía otra desde su cátedra. Uno de los aspectos que no se clarifican en la enseñanza de la carrera resulta su talante político. “Estoy en contra de la despolitización de los estudios de periodismo”, frase del profe de radio Abel Falcón, quien no comprendía la utilidad de tantas teorías de la comunicación y la carencia de una enseñanza del debate en la universidad. 
Ante una realidad polarizada algunos profes de periodismo se esconden tras el mantón del quietismo, y silencian partes trascendentales del programa educativo. Uno pasa el tiempo en la escuela, sin obtener una palabra que motive el pensamiento creativo y cuestionador. El resultado se recoge luego, cuando la gente egresada está lista para un periodismo continuista de la mala práctica, espíritus tímidos que no entran en la liza. Quizás por ello el escenario cubano de los blogs se convierte en una lucha sin final, pues quienes escriben no pautan sus mensajes desde una práctica comunicativa profesional, sino que trasmiten su verdad personal y hasta viciada.
A lo mejor por ello, cuando se comenta en mi blog todo se resume en escuetos mensajes de “de acuerdo”, o elogios. Y esa no es mi intención. Pautar un diálogo no desde la descalificación, sino a través de la calificación, devendrá en el principio elemental de cualquier periodista bloguero. Hasta el momento el periodismo ciudadano consiste en denuncias de uno y otro bando, donde el contacto más allá de las piedras lanzadas se reduce a simples menciones despectivas. Y en mi opinión ya se hace pertinente el traspaso del ciberchancleteo al ciberdebate.  Veo cómo en importantes blogs cubanos, como La Joven Cuba, se canibalea el post en pro de discusiones laberínticas donde los francotiradores se hacen blanco sin parar ni fijarse hacia qué meta avanzan. El concepto de guerra nos limita el desarrollo de líneas elementales. Sólo en el caso de bitácoras relacionadas con niveles de especialización, como el de Cine Cubano, La pupila Insomne; veo un necesario debate. Al punto que sus textos saltan al espacio físico en forma de libros. Otros sitios están obligados a un manejo más periodístico, por su cercanía y deuda con grandes medios establecidos; así Cartas desde Cuba de la BBC. El debate más chancletero no se halla en tales blogs, antes bien la voluntad de frenar la marea de locos mensajes infamantes.
A veces, leyendo bitácoras, me divierte darle una ojeada a los comentarios. Pero sólo por entretenimiento, pues el debate deviene en descalificación y la esencia a menudo es la falta de respeto. Común resultan luego los baneos y quejas a la violación del derecho ajeno a la defensa.  Por lo general se desvía el tema de la polémica hacia asuntos que nada tienen que ver, y como punto conclusivo sólo queda el revanchismo de vapulear al contrario en la próxima oportunidad.
Muy lejos de esa tipología de blogs chancleteros se hallan serios intentos desde provincia, como Cuba Profunda, Nube de Alivio y el Nictálope, donde prima un interés por la cultura del debate y el aprovechamiento de una conexión mínima. Si sacamos dos variantes: cantidad de bites disponibles contra utilidad de las discusiones; muchas bitácoras de provincia se llevan la delantera. Ello con las dificultades añadidas de la falta de acceso a fuentes capitalinas o a comadreos de Parque Central; aspectos de la búsqueda informativa que son sobrevalorados por blogueros de La Habana, quienes a la vez subutilizan dicho potencial.
Parece que se ha entendido que los mejores blogs generan mayor cantidad de comentarios y visitas. Nada más alejado de la verdad. En un lugar de conexión atípica como el nuestro, un buen blog puede estar olvidado mientras otros de baja catadura reciben el apoyo inmerecido. Práctica que otra vez tiende a beneficiar la idea de “barricada digital”, que sabemos no factura nada bueno al país. Los tiros de bites, a diferencia de los de plomo, no causan bajas físicas, pero sí lastran la llegada al necesario consenso entre las partes honestas de la nacionalidad. En otras palabras, los blogs están malbaratando su potencial como nueva prensa; y al renunciar a dicho papel sólo sirven de reservorios de tipos enconados en sus posiciones de pujanza comunicativa.
Casi siempre cuando se coloca en el tapete un asunto que lleva análisis, cifras y nivel de investigación y donde además el enfoque resulta correcto; los comentaristas tiroteadores se pierden hacia otro blog de tesis más “clara”, sitio que acoja aquellas ideas amoldadas de antaño.  Por ejemplo, la bitácora El Nictálope de Maikel González, joven periodista sagüero, aborda temas de alta sensibilidad y profundidad; malabares de la opinión que salda airoso a base de investigar y pensar. Nunca leo en dicha bitácora al ejército de facinerosos que perpetúan el falso debate de otras páginas, los comentaristas en tal caso son pocos y buenos.
Y es que cuando se habla del tema de la blogosfera en Cuba se buscan posiciones no sólo “definidas” sino rígidas, apertrechadas. Ambos bandos deben vestir de rojo y azul, y estar dispuestos a no mezclarse, ni tener puntos de contacto en sus discursos. Todo lo que quede en el centro se  denigra bajo el manto quietista, simplemente no se lee.  La prensa de nuevo tipo no cumple su cometido de poder; se renuncia a su capacidad de cambiar cosas y nos quedan sólo la trinchera y el viejo fusil. ¿Adónde fue la tradición polemista del periodismo cubano? No se enseña, no está presente en las redes. Se llama a combatir, no a debatir, ni siquiera a hablar. He ahí el error, Sócrates estaría patitieso ante esa forma de dialéctica que sólo monologa.      
No debemos perpetuar una carrera profesional que se enseñe a medias y luego se ejerza a un cinco por ciento de sus funciones. El periodismo no consiste nada más en la descripción de la vida y la toma de partido; sino que como instrumento vertebra la información y guía a los hombres hacia un diálogo constructivo. La verdad nunca es una, ni permanece intacta todo el tiempo. Me gusta recordar a Heráclito y su metáfora sobre el río que corre. Detener ese debate, o desviarlo por causes trillados, demora que las aguas bañen a todos. El efecto de vida debe sentirse a nivel social, y las redes tienen que saltar a la realidad cotidiana. Haríamos bien en revisar los objetivos con que formamos a nuestros periodistas; ello privilegiaría lo ciudadano, la llegada al entendimiento. Una comunicación eficiente, tan necesaria como una zafra eficiente.  El vuelco en la blogosfera sería total, y siempre en beneficio de metas claras.
Este blog no lo comenta nadie, pues para que así fuese yo tendría que lanzar la pluma (¡qué digo pluma: el teclado!) y tirarme de cuclillas en la trinchera. Mas comunico, y por ende me incomunican ellos, quienes sólo se oyen entre sí y prefieren en el entreacto el telón de fondo que brinda la balacera.

17 mar 2014

El llamado de la tribu



Una esquina de Caibarién
Mi presencia en la televisión local sirvió para dar a conocer determinados puntos de vista sobre el periodismo cubano a una audiencia quizás mayor o al menos diferente de la que escucha la radio. Se me interrogó por el impacto que ha tenido este blog, atribuyéndole una importancia inmerecida; pues no ostenta ni premios ni reconocimientos. Sólo el raro privilegio de existir, acompañado por un trabajo más sistemático que en el resto de las bitácoras de esta ciudad. 
Aún no tengo el video íntegro, pronto visitaré a un señor que grabó parte de mi intervención desde un equipo DVD en su casa. Sé que di respuestas bastante provocativas en el buen sentido. O sea propias de una intención manifiesta hacia el pensamiento creador. El concepto de periodismo que emití se refería a esa necesidad innata del ser humano por comunicar, basamento de todo desarrollo que en las sociedades modernas y conectadas devino en centros de poder más amplios, con necesidades de alcance más universales. Se trata pues del resultado de un proceso dialéctico e histórico, convertido luego en oficio y profesión. 
De derecha a izquierda, el primer edificio la sede de mi emisora.
El periodismo es una herencia grata, imprescindible. Aún aquel mal periodismo nos reconforta en algún momento y hasta tiene una audiencia fija, fiel al mensaje. Porque la prensa como depositaria de la información actual más pertinente, resulta un medio poderoso de dominio y consenso social. La estrategia consiste en trastocar el dominio en consenso; sin que los dominados se rebelen. Los grandes medios construyen una agenda y la venden como pública, no abordan aquello que resulta ajeno al dueño o  a intereses clasistas definidos. Nuestra vía alternativa, la más honesta, se define por el tratamiento de la agenda social sin cortapisas. No debe estar entre los objetivos de la prensa cubana el esquive de lo público, mucho menos su enajenación en ideas elitistas.
Creo que esas ideas desarrollé en televisión, de una forma más atropellada y con menos elaboración, por el apremio del tiempo. Dije que mientras más cerca se estuviese del cubano común y este se sintiese copartícipe de la noticia y hacedor de la agenda mediática, mejor le iría a los órganos comunitarios donde trabajamos. De ahí que la buena prensa comunitaria sea la mejor prensa. Aquella que logra implicar al vecino y establece una cercanía afectiva en la relación emisor-receptor, donde los papeles llegan incluso a trastocarse y nutrirse mutuamente. 
Esas trasmisiones en vivo que hace la radio local desde comunidades campesinas son acontecimientos que cuentan con la participación de miles de personas. El lugar se transforma en poco tiempo y las gentes recuerdan largamente el día en que el órgano visitó ese pueblito metido entre las lomas, o expuesto en medio de amplias llanuras. Ya quisieran las gigantescas cadenas y los medios nacionales generar esa relación tan cercana con los oyentes. De hecho hay, dentro de aquellas “grandes” radios, estrategias destinadas a la retroalimentación. Pero el peso de las distancias dicta la norma participativa. Y cada vez los medios mal llamados pequeños tendrán la primacía en la noticia.
¿Quién mejor puede hablar de los problemas del obrero, que un periodista del propio pueblo cuyos padres trabajen en la fábrica de la esquina? ¿O cuál da coberturas más certeras sobre la mala pavimentación de la carretera central, el reportero de la radio capitalina o ese comunicador de provincia que usa a menudo la vía y por ende la necesita? La información dicta sus pautas de cercanía e implicación con las fuentes y los hechos. El reto no está en ser local y no disponer de una audiencia nacional; sino en ofrecer un servicio realmente comunitario, o sea propio de la agenda pública. La norma de la centralización de la prensa impide no obstante cumplimentar tal línea de trabajo. Emisoras provinciales se imponen ante las municipales y territoriales, por la primacía del cargo. Igual sucede con las que mandan a nivel de país. Así se pierden muchas noticias y peor aún se emiten enfoques distanciados y fríos, donde la comunidad empalidece o queda enajenada. Pero si cada órgano tuviera la necesaria autorregulación en cuanto a rutinas productivas, si se respetara la personalidad de las emisoras y se les diera el debido espacio en las coberturas; estaríamos ante el cumplimiento de la máxima de que no hay medios pequeños, sino periodistas pequeños. Hasta entonces, la imposición de agendas impropias y la repartición de las zonas de influencia de cada emisora colocan al comunicador de municipio en una especie de escalón inferior.
Hace poco conversaba con alguien sobre la fortaleza de las radios comunitarias en un país de Sudamérica, donde los indios transmitían en sus idiomas y con una agenda bien definida ejercían el poder de comunicar y tener la primicia en sus áreas de coberturas. Tal es así que resulta común encontrar que las guerrillas de dicha nación usan esas ondas hertzianas, para trasmitir mensajes que sí tienen un impacto directo incluso en las ciudades y centros políticos. El poder de la comunicación cuando ella misma se autorregula tenderá hacia contenidos y enfoques eficaces. Lo contrario cuando la directriz es externa y escalonada.
He querido abordar en este post algunas ideas que di a conocer en la televisión local, donde obviamente existe la inquietud sobre la importancia de lo que ellos mismos hacen. La trascendencia del mensaje, la fuerza y la convicción que puede o no generar un medio limitado al alcance de unos pocos kilómetros. Despreciar este espacio de isla equivaldría a decir que una parte del territorio no cuenta, que sus habitantes no difieren del resto, o que no hay nada interesante en esas vidas. Sabemos por principio humano elemental que todo hombre o mujer son importantes; e incluso imprescindibles llegado el momento. 
El logo de la CMHS, no es perfecto pero funciona.
No hay comunicación más fuerte que la comunitaria porque somos seres en comunidad, ya sea local o nacional. El país debe aspirar a lo comunitario en su totalidad, y ello se da con más participación en el consenso, y mayor implicación en las agendas mediáticas. Los órganos capitalinos en el fondo envidiarían el potencial y la facilidad con que un locutor de Caibarién llega al corazón de su oyente. La cercanía hace que se respire más fuerte el aire de la tribu. Y esa aldea que es el mundo tenderá con más fuerza a privilegiar lo diverso universalizado. Vamos hacia la autorregulación de los medios de prensa y debemos prepararnos para el reto, pronto el protagonismo recaerá sobre aquel reportero que anda el campo en su bicicleta, o el que escribe en su blog sobre problemas del centro histórico de la ciudad provinciana en que vive.
Veo un futuro lleno de enfoques e ideas donde cada quien tendrá el espacio que sepa ganarse, sin que una mano reguladora reparta papeles y privilegios por el baladí hecho de la geografía. Una generación repleta de ganas de hacer, consciente de su poder, llega a las radios comunitarias con el firme propósito de trabajar para bien de su trozo de isla. Esperemos que la era de esos cambios se acerque. Por mi parte acepté intervenir en la televisión local, en la noche del 14 de marzo, día de la prensa cubana. Una necesidad ancestral me arrastró hasta las cámaras, un anhelo parecido a redobles de danzas antiguas y oscuridades de tribu.