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13 ago 2015

Fidel Galván y el telón que nunca cae



Escucha en este enlace el documental "A las puertas de lo insólito" sobre la vida de Fidel Galván Ramírez
No fue una partida, más bien una llegada. No salió de este mundo, sino que entró al universo de la eterna sonrisa. El niño nos mira desde el escenario, junto a sus muñecos, bromea y hasta vemos cómo guiña un ojo. Lo acompañan Tin el Sabio, Raulín, Tina y Fina las vecinas que hablan sobre la fantasía como algo posible. El Gato simple, siempre amigo del pícaro ratón, nos señala una estrella que rutila sobre las dos iglesias de San Juan de los Remedios, la luz sube hasta el Tesico y se vuelve amor.
Fidel y su fidelidad al arte, Galván y su galvánica energía para tornar inolvidable lo olvidado. El Maestro (o el niño) se sitúa en la floresta de los símbolos de que hablara Beaudelaire, en ese Parnaso de los sabios locos de encanto, donde yace la poesía como oro de dioses. Aún durante mucho tiempo obrará su mística sobre el cielo de Remedios. Tendrá la noche que competir con la risa que el niño esparce desde el retablo de muñecos.
Entonces habrá esa luz en los ojos de tantas generaciones que oyeron la música de los viejos titiriteros de feria, a la sombra de un Fidel que creció hasta nublar el horizonte del teatro para niños en Cuba. Su misterio, tan simple como profundo, consiste en una pizca de polvo de asombro con mucha ternura. Los personajes, tan ciertos como increíbles, podrían toparnos en cualquier calle de este u otros mundos.
No salió, entró, no descansa, vive. Está sentado ahora mismo en la luneta de la primera fila. Podemos verlo con su barba larga y cuidada o quizás mucho más joven, un niño que aún sueña con la actuación. Un Maestro que aprende de cada destello y describe en la lluvia el tintineo de las verdades menos ocultas y más difíciles.  
Como toda obra de gran poeta, sus letras se extienden en la estera del tiempo hasta volverse inconclusas. Remedios no llora a un hijo, no hay lágrimas en la risa de tantos rostros. Las sombras pierden lugar porque el artista sobrepasa al hombre. El telón jamás cae cuando el aplauso es incesante, merecido, inevitable.
Seguirá allí, en esos niños que ya son viejos y serán siempre niños. En aquellos que acaban de nacer, en los que están por llegar. Fidel Galván pasa sobre los tejados de Remedios envuelto en luces y músicas de retablos medievales, llegará para alegrarnos en las fiestas de San Juan y las parrandas. Quizás durante otros quinientos años. La gente será simple y brillante como el Gato, inocente y despierta.
Esta vez el telón no caerá, las luces están encendidas, el público sigue de pie. Será que al fin se entiende que los poetas tienen un alma lumínica, que jamás fenece incluso bajo el olvido y el vituperio. Pero Galván cuenta con el amor de todos y más aún: él mismo es amor. Lo acompañan de un lado su Rabindranth Tagore y del otro José Martí. A sus espaldas hay una luz demasiado intensa como para nombrarla. 
No salió, lo vemos entrar, camina hacia la floresta de los poetas. Alguien menciona la palabra genio, otros murmuran frases entre ruidos de escenario. Las luces nos ciegan y apenas lo vemos cuando su risa se oye más alto, allá, en lo alto del universo, donde otras risas lo reciben.
El telón sigue sin caer, la obra continúa.

15 ene 2015

Un padre diferente


Conversé con este padre diferente en la gran nave de la Iglesia Parroquial de Remedios, nos custodiaron los santos y las pinturas antiquísimas. Las palabras salían con la misma fluidez de un sermón, con la naturaleza de un hombre sencillo que no teme a la originalidad. Fray José Luís Ledesma, mexicano, sacerdote y padre de muchos.    
-Padre, ¿no teme usted a que lo cataloguen como un cura demasiado distinto, alguien quizás salido del plato como decimos los cubanos?
-Bien lo dijo el autor del Quijote, cuando puso en boca de dicho personaje que si los perros ladran es seña de que avanzamos. Es algo fuerte, pero cierto porque cuando no alcanzas ese impacto tienes que preocuparte.
-¿Y en cuanto a los católicos tradicionales, qué piensa de ellos?
-Esos van a existir en el mundo entero. Es un papel muy importante el que ellos tienen en la historia del catolicismo en Cuba. Pero espero que se abran también a esta nueva visión que nos piden el Papa y los Obispos de la isla. La Iglesia se tiene que rejuvenecer para el bien de todos. 
-Usted fue objeto de críticas, ¿puede mencionar algunas?
-Las personas que movemos, vamos a incomodar. Eso es bueno. Mucha gente decía “este no parece cura” o “mira como hace ejercicios en el parque” o “se va a correr en bicicleta y al gimnasio”. Pero una cosa no está reñida con la otra.
-¿Qué queda de su sacerdocio en Remedios, cuando estamos a pocas horas de su partida?
-Un sentimiento de orgullo, de satisfacción. Logro mi propósito de retirarme en la cúspide. Estoy en una etapa de oro aquí en Remedios. Me voy con dignidad y con el cariño de muchos. Quizás hubo algunas personas que se incomodaron con mi presencia y te soy sincero: no me importan. Yo tengo paz conmigo mismo, me voy feliz.
-¿Y en lo adelante qué piensa hacer?
-Bueno ahora voy a una parroquia de una capital en otra isla, pero en el capitalismo. Es un sitio sufriente, donde la mayoría de la población es negra, pero voy a trabajar con la palabra de Dios.
-¿Y cuándo vuelves a Remedios?
-¡Ah! Buena pregunta. Regresar a Remedios es cuando Dios lo quiera. Yo digo que será el 24 de junio del 2015, pero todo depende del Señor. Esta obra es de Dios, el hecho de estar aquí con los remedianos. Me siento que floto, no quepo en mí mismo. Además en Cuba sucede algo muy hermoso, hay un auge en la fe. Los cubanos ahora pueden practicar libremente su religión. Debemos prepararnos para otros grandes cambios que vienen a la isla, a nivel mental y estructural. Hay que abrirnos a lo nuevo que la vida nos está ofreciendo. Lo que buscamos es el  bienestar del pueblo y trabajamos para lograrlo. Yo creo que el cubano está tomando conciencia de la existencia de Dios.
-¿Tiene usted conciencia del cambio que significó su sacerdocio para la vida en Remedios?
-Creo que sí, y eso me hace muy responsable con mis actos. Estoy orgulloso, yo vine a romper un poquito con lo tradicional.
Fray José Luís se despide de Remedios con la certeza del retorno. La ciudad es su Ítaca, una tierra donde está su casa gigante. Tiene tanta fe en Dios como amor por la humanidad. Sin dudas hay hombres que llevan en sí la vergüenza y el valor de otros muchos. 
   

16 jun 2014

El fraude



¿Qué significa la palabra fraude? Mentira, falsedad, vacío y compra de principios. Cuando alguien se habitúa al fraude pierde todo vínculo ético y vive al margen, aunque crea que lo tiene todo. Y eso ocurre porque se deja de adquirir lo fundamental, que es la educación. De forma tal que constituye un fenómeno realmente llamativo y digno de denuncia.
Desde el padre Varela hasta Mendive y Martí; la escuela cubana promovió el pensamiento moral y se opuso al fraude. Hoy las instituciones escolares llevan los nombres de aquellos hombres, sin embargo existen manifestaciones internas que niegan las raíces y los valores esenciales. El fraude masivo en la Habana fue la punta del iceberg de un fenómeno cotidiano, donde hay desde el pionero que se fija por otro y el maestro que los deja hacer; hasta la compra de un título de doce o la adquisición de matrículas en importantes maestrías y cursos de posgrado.
Hace tiempo que el fraude lo tenemos en la sociedad, dañando al ser humano desde los más tiernos años. Nos acostumbramos a verlo como una forma de resolver los problemas, y no como la vía más eficiente para generar problemas más grandes. Conozco de sonados fraudes donde no hubo investigación, ni publicación en los periódicos. Sé de fraudes cotidianos donde nadie se inmiscuye, por temor, pues el justo muchas veces es quien sale mal parado.
Y como si se tratase de algo fruto del talento o el esfuerzo, los beneficiados por el fraude se pasean horondos una vez obtenidas sus metas. Porque ellos creen en una máxima que por desgracia está prevaleciendo: el fin justifica los medios. Y los padres que tienen dinero, por no quedarse detrás, por seguir aparentando un status, o porque el niño no tiene real talento; están dispuestos a pagar lo que sea. Y le crean a esa persona una personalidad de papel. Es necesario volver a los clásicos cubanos del pensamiento moral, pero no para hablar de ellos en abstracto ni dibujarlos en las paredes; sino para aprenderlos de nuevo.

17 mar 2014

El llamado de la tribu



Una esquina de Caibarién
Mi presencia en la televisión local sirvió para dar a conocer determinados puntos de vista sobre el periodismo cubano a una audiencia quizás mayor o al menos diferente de la que escucha la radio. Se me interrogó por el impacto que ha tenido este blog, atribuyéndole una importancia inmerecida; pues no ostenta ni premios ni reconocimientos. Sólo el raro privilegio de existir, acompañado por un trabajo más sistemático que en el resto de las bitácoras de esta ciudad. 
Aún no tengo el video íntegro, pronto visitaré a un señor que grabó parte de mi intervención desde un equipo DVD en su casa. Sé que di respuestas bastante provocativas en el buen sentido. O sea propias de una intención manifiesta hacia el pensamiento creador. El concepto de periodismo que emití se refería a esa necesidad innata del ser humano por comunicar, basamento de todo desarrollo que en las sociedades modernas y conectadas devino en centros de poder más amplios, con necesidades de alcance más universales. Se trata pues del resultado de un proceso dialéctico e histórico, convertido luego en oficio y profesión. 
De derecha a izquierda, el primer edificio la sede de mi emisora.
El periodismo es una herencia grata, imprescindible. Aún aquel mal periodismo nos reconforta en algún momento y hasta tiene una audiencia fija, fiel al mensaje. Porque la prensa como depositaria de la información actual más pertinente, resulta un medio poderoso de dominio y consenso social. La estrategia consiste en trastocar el dominio en consenso; sin que los dominados se rebelen. Los grandes medios construyen una agenda y la venden como pública, no abordan aquello que resulta ajeno al dueño o  a intereses clasistas definidos. Nuestra vía alternativa, la más honesta, se define por el tratamiento de la agenda social sin cortapisas. No debe estar entre los objetivos de la prensa cubana el esquive de lo público, mucho menos su enajenación en ideas elitistas.
Creo que esas ideas desarrollé en televisión, de una forma más atropellada y con menos elaboración, por el apremio del tiempo. Dije que mientras más cerca se estuviese del cubano común y este se sintiese copartícipe de la noticia y hacedor de la agenda mediática, mejor le iría a los órganos comunitarios donde trabajamos. De ahí que la buena prensa comunitaria sea la mejor prensa. Aquella que logra implicar al vecino y establece una cercanía afectiva en la relación emisor-receptor, donde los papeles llegan incluso a trastocarse y nutrirse mutuamente. 
Esas trasmisiones en vivo que hace la radio local desde comunidades campesinas son acontecimientos que cuentan con la participación de miles de personas. El lugar se transforma en poco tiempo y las gentes recuerdan largamente el día en que el órgano visitó ese pueblito metido entre las lomas, o expuesto en medio de amplias llanuras. Ya quisieran las gigantescas cadenas y los medios nacionales generar esa relación tan cercana con los oyentes. De hecho hay, dentro de aquellas “grandes” radios, estrategias destinadas a la retroalimentación. Pero el peso de las distancias dicta la norma participativa. Y cada vez los medios mal llamados pequeños tendrán la primacía en la noticia.
¿Quién mejor puede hablar de los problemas del obrero, que un periodista del propio pueblo cuyos padres trabajen en la fábrica de la esquina? ¿O cuál da coberturas más certeras sobre la mala pavimentación de la carretera central, el reportero de la radio capitalina o ese comunicador de provincia que usa a menudo la vía y por ende la necesita? La información dicta sus pautas de cercanía e implicación con las fuentes y los hechos. El reto no está en ser local y no disponer de una audiencia nacional; sino en ofrecer un servicio realmente comunitario, o sea propio de la agenda pública. La norma de la centralización de la prensa impide no obstante cumplimentar tal línea de trabajo. Emisoras provinciales se imponen ante las municipales y territoriales, por la primacía del cargo. Igual sucede con las que mandan a nivel de país. Así se pierden muchas noticias y peor aún se emiten enfoques distanciados y fríos, donde la comunidad empalidece o queda enajenada. Pero si cada órgano tuviera la necesaria autorregulación en cuanto a rutinas productivas, si se respetara la personalidad de las emisoras y se les diera el debido espacio en las coberturas; estaríamos ante el cumplimiento de la máxima de que no hay medios pequeños, sino periodistas pequeños. Hasta entonces, la imposición de agendas impropias y la repartición de las zonas de influencia de cada emisora colocan al comunicador de municipio en una especie de escalón inferior.
Hace poco conversaba con alguien sobre la fortaleza de las radios comunitarias en un país de Sudamérica, donde los indios transmitían en sus idiomas y con una agenda bien definida ejercían el poder de comunicar y tener la primicia en sus áreas de coberturas. Tal es así que resulta común encontrar que las guerrillas de dicha nación usan esas ondas hertzianas, para trasmitir mensajes que sí tienen un impacto directo incluso en las ciudades y centros políticos. El poder de la comunicación cuando ella misma se autorregula tenderá hacia contenidos y enfoques eficaces. Lo contrario cuando la directriz es externa y escalonada.
He querido abordar en este post algunas ideas que di a conocer en la televisión local, donde obviamente existe la inquietud sobre la importancia de lo que ellos mismos hacen. La trascendencia del mensaje, la fuerza y la convicción que puede o no generar un medio limitado al alcance de unos pocos kilómetros. Despreciar este espacio de isla equivaldría a decir que una parte del territorio no cuenta, que sus habitantes no difieren del resto, o que no hay nada interesante en esas vidas. Sabemos por principio humano elemental que todo hombre o mujer son importantes; e incluso imprescindibles llegado el momento. 
El logo de la CMHS, no es perfecto pero funciona.
No hay comunicación más fuerte que la comunitaria porque somos seres en comunidad, ya sea local o nacional. El país debe aspirar a lo comunitario en su totalidad, y ello se da con más participación en el consenso, y mayor implicación en las agendas mediáticas. Los órganos capitalinos en el fondo envidiarían el potencial y la facilidad con que un locutor de Caibarién llega al corazón de su oyente. La cercanía hace que se respire más fuerte el aire de la tribu. Y esa aldea que es el mundo tenderá con más fuerza a privilegiar lo diverso universalizado. Vamos hacia la autorregulación de los medios de prensa y debemos prepararnos para el reto, pronto el protagonismo recaerá sobre aquel reportero que anda el campo en su bicicleta, o el que escribe en su blog sobre problemas del centro histórico de la ciudad provinciana en que vive.
Veo un futuro lleno de enfoques e ideas donde cada quien tendrá el espacio que sepa ganarse, sin que una mano reguladora reparta papeles y privilegios por el baladí hecho de la geografía. Una generación repleta de ganas de hacer, consciente de su poder, llega a las radios comunitarias con el firme propósito de trabajar para bien de su trozo de isla. Esperemos que la era de esos cambios se acerque. Por mi parte acepté intervenir en la televisión local, en la noche del 14 de marzo, día de la prensa cubana. Una necesidad ancestral me arrastró hasta las cámaras, un anhelo parecido a redobles de danzas antiguas y oscuridades de tribu.

14 mar 2014

El hombre ontológico y el mundo sin raíces ni matices

Contrario al “Hombre de la Multitud” de Edgar Allan Poe, el ser ontológico puede autodefinirse con independencia a la época en que viva; esto es en total libertad de los prejuicios y razonamientos de moda. En él están las eras que lo anteceden, una forma de conciencia que le impide olvidar de dónde viene y qué futuro le condicionaron. Por su parte, el personaje literario del autor norteamericano sólo existía a través de la volátil masa, en medio de una anónima gloria que lo insuflaba como el oxígeno.
En un ensayo sobre historia moderna y contemporánea; Erick Hobsbawn reflexionaba sobre la naturaleza de uno y otro periodo. La única línea de marcación estaba en la capacidad para recordar. Para el ser moderno, nacido en una era más estructurada políticamente, resultan comprensibles fenómenos como la actual crisis de valores; cuyas raíces deben hallarse en la inversión de paradigmas victorianos tras dos guerras mundiales. El contemporáneo suele definirse por oposición u adhesión a la masa que lo acompaña, siendo mucho menor el nivel de cuestionamiento causal de los fenómenos sufridos. Para estos últimos la crisis es La Crisis, la que siempre hubo, sin antecedentes, sin trasfondo; a veces hasta sin responsables. La total carencia de política es su politicismo. Una Guerra como la de 1914, sobreviene  suceso de la prehistoria, cuanto más en tema de un juego de video online. Estas afirmaciones proceden de alguien como yo, que aun nacido en 1988, veo cómo mis contemporáneos ignoran olímpicamente la naturaleza y la procedencia de conceptos elementales. 
El hombre ontológico resulta raro y el hombre masa se apodera de los espacios establecidos. Como predijo Orwell y teorizó Gasset, el nuevo ser se presenta como una hoja en blanco ante un universo activo y cambiante. Las relaciones no pasan de la virtualidad, aún cuando se trate de personas que no accedan a la web. Recuerdo una novela de Ray Bradbury donde la gente nunca fraternizaba, sino que tendían lazos con otras, recreadas artificialmente mediante pantallas de plasma en las paredes. Tampoco había conversaciones sino risas y gritos eufóricos. Aunque parezca ficcional, hoy día muchas parejas y familias viven a ese nivel de entendimiento. El concepto de lo fraterno deviene en su sombra para quienes prefieren esa igualdad sicológica tan plana.
No hay hombre ontológico que no quiera esconder su cualidad ante una raza que condena la conciencia de lo perfecto y bueno; dos entelequias que por inalcanzables movieron a grandes artistas y científicos a lo largo de civilizaciones. Para la masa sólo hay una idea: esta. Y de aceptarla sin raíces ni matices deja de S/(s) er, y nos llega una papilla indigesta, carente de sabor, nebulosa. No existe música que exprese mejor el cuento de Edgar Allan Poe citado a inicios de este escrito que el reguetón, danza ritual del sexo que debiera constituir el cántico de los nuevos corifeos del nihilismo.
Pero dejemos la música que no es sino un reflejo espiritual de la carencia o el exceso de espíritu. 
Cuando se vive rodeado de hombres masas, personas que ni se preguntan de dónde proviene este mundo, nos sentimos como en un espejismo, sólo somos visibles a través de la luz y la pantalla hipersensible. Un atisbo de oscuridad puede borrarnos, sin que dejemos un rastro consciente de nuestro paso. En un filme basado en la novela de HG Wells “La máquina del tiempo”, los habitantes de la Tierra futura ni siquiera se enteraban de un pasado compuesto por nosotros. Divididos en dos razas que encarnaban la esencia humana, se dirimían entre predadores y presas, en un universo sin matices ni raíces. Teorías de lucha enarboladas a raíz de la modernidad y que perpetuaban el odio, sentaron las bases de esta ficción en el citado escritor británico.
La aparición de un mundo donde sólo hay vencedores y vencidos, no parecía lejana para quienes a fines del siglo XIX veían la decadencia victoriana y el fin del espejismo imperial. La llegada de un tiempo donde sólo los fuertes prevalecen, los físicamente preparados para una guerra ciega, sin raíces, y eterna. Tema que reaparece en innumerables novelas y cuentos de ciencia ficción, pero que en la obra “1984” George Orwell dibuja mediante la lucha constante de las superpotencias que ocuparán todo el globo terráqueo. Una confusión entre conceptos cuya finalidad es la reducción de lo complejo a lo más simple, y la manipulación de los soldados hacia la muerte.
Comoquiera, el hombre ontológico quedará, al paso que vamos, extraviado en medio de parajes desiertos, si acaso acompañado de otros seres similares y escasos. En el final de “Fahrenheit 451” de Ray Bradbury , los sobrevivientes de una persecución contra la cultura y los libros terminan en refugios aislados, en cuevas, memorizando obras clásicas como los diálogos de Platón, el Quijote o “La Divina Comedia”; metáfora del hombre ontológico en un futuro de masas. Llamen pesimismo o nihilismo a esto que planteo, pero prefiero la certeza amarga al dulzor artificioso. El idealismo objetivo, defensor de dicho precepto, también cree en lo inmanente del pasado a través del carácter social de las ideas. El absurdo hombre masa, como resultado de un proceso, niega aquello que lo define. Su paradoja lo destruye, mientras él se glorifica. Más allá, tras las montañas, el sabio solitario musita los pasajes de “Así hablaba Zaratustra”, y hace malabares contra el olvido.

26 feb 2014

De (V)elta a las parrandas






Ya sé que en las redes sociales, ese mundo laberíntico e infinito, los temas de índole local se supeditan a otros de naturaleza más universal. Pero la presencia de tópicos comunitarios tomará lugar en un mundo donde la alternatividad de los enfoques periodísticos, coloca a la pequeña emisora en iguales condiciones que los medios tradicionales para acceder a la información y difundirla. Periodismo ciudadano, se llama el fenómeno.
Por ello comienzo este comentario hablándoles de San Antonio de las Vueltas, un poblado perteneciente al municipio de Camajuaní, en la provincia cubana de Villa Clara. Su vida es monótona y depende todo el año de actividades como la agricultura y el comercio de los productos de la propia tierra. Pero desde el siglo XIX, una tradición paraliza dicho lugar, y lo convierte en hervidero de tradiciones. Dos bandos, azul y rojo, Ñañacos y Jutíos, se disputan una victoria tan simbólica como imprescindible.
 Guiados por las sombras de un gallo y un gavilán, ambos de papel maché, las parrandas voltenses constituyen una muestra del más sabio arte popular, donde florecieron figuras como Cumba Colón o el conocido popularmente como “Coco”, cuya carroza de tema tailandés fue la delicia de los asistentes. A este último proyectista estuvo dedicada la festividad, por una vida consagrada al reconocimiento de los suyos, de sus vecinos y familia más allegados.
Sé que el tema pudiera parecer alejado de la modernidad, el arte de vanguardia, las polémicas digitales, el periodismo de barricada, la comedia de las banalidades;  en fin. Pero nadie sabe el valor que para un pueblo tiene sentirse reconocido cada año como artista, como demiurgo creador en medio de una larga faena de trabajos cotidianos. El dios Baco desata entonces sus excesos y la belleza desborda todo sueño posible.
Las parrandas, Patrimonio Cultural Cubano, son eso; un nacimiento constante, que no una reiteración. El antropólogo Mircea Eliade propone en su teoría sobre los mitos y rituales, que cada comunidad necesita de fuegos y músicas que la hagan retroceder a tiempos primeros, sobrenaturales, gloriosos por desconocidos. Una idea muy platónica que nos trae de vuelta la historia de los dioses creadores, la vida de los héroes, y purifica el presente con los hálitos sagrados de otros momentos. A través de fiestas colectivas donde prima el disfraz, la máscara, la inversión de realidades, el carnaval y la carne ofrecida al paganismo; los humanos ofrecen el sacrificio, queman los signos del pasado absurdo. Entonces, San Antonio vuelve más vivo, y con esa vida vivifica a los muertos vivos de hoy. 
Lázaro ante el conjuro del milagro se levanta y demuestra que lo posible se queda chico ante lo insólito. La fe recobra su poder y las montañas del valle que rodean el pueblito parrandero se conmueven, mas nadie escucha el terremoto. Ya las lluvias de fuego acallaron aquellos fuegos internos, y los sacerdotes apagan la furia de los danzantes. Todo termina con un entierro, entre jocoso y bandolero, entre riña y sonido de rumbas. El muerto vivo es un gavilán de papel maché, no importa. Todos creen en la muerte, con la misma intensidad con que viven. El canto de un gallo  recuerda que algunos añoran otra vez el vuelo de su gavilán. La guerra no termina, ahora se inician los trabajos y la fatiga, en un año los sacerdotes evocarán a los dioses y el eterno retorno traerá la música de los antiguos. Así anda Vueltas, devuelta a sus parrandas, para purificarse, para que el espíritu prevalezca.