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31 jul 2015

Una ciudad atrapada en las redes



Cuando la red wifi de internet flotó sobre la ciudad de los demonios, un anciano recordaba cómo su abuelo lo llevó a conocer el hielo, las señales de humo, la telegrafía, las cartas de amor, el vapor que traía los barriles de vino y las noticias de Europa.
San Juan de los Remedios, cinco siglos de aislamiento, un sitio donde las fabulaciones se unen a la vida cotidiana sin que haya divorcio. Ahora, una nube de bits se cierne sobre los tejados rojizos y los ventanales de madera. Los guajiros y las solteronas van al parque,  atraídos por la novedad de una lluvia electrónica, donde se escuchan infinitas vidas.
Dos señoras vinieron desde el caserío vecino para ver sus nombres brillar en una cuenta de Facebook. Los jóvenes se quedan hasta tarde conectados y prefieren enviarse stickers, mensajes de amor, mentiras, juegos. Hay en ellos el ansia de lo nuevo y el consumo de una cultura antigua, proveniente de los mensajes cifrados y los caminos polvorientos.
La wifi barrió los últimos vestigios de una ciudad aislada, ahora cualquier persona con una tarjeta de internet por una hora puede acceder a las últimas noticias e interactuar en las redes sociales. Rápidamente Remedios se une al mundo a través de la invisibilidad de la inventiva. 
Los humorísticos memes de facebook se vuelven populares entre los usuarios de la web.
Dicen que las parrandas se realizarán de manera virtual, como un videojuego, también se comenta que el güije, tradicional figura mítica, será el personaje central de alguna saga donde los usuarios asumirán nicknames relacionados con la historia de la Villa. Una ciencia ficción mezclada con disparates cotidianos se cierne sobre la plaza Isabel II, donde los magos del pasado son los informáticos del presente, y los hechizos devienen en tabletas digitales, teléfonos inteligentes, laptops satelitales.
Se corre la voz de que en el futuro las personas optarán por una ciudad virtual, que será habitada por personas reales y por programas informáticos. Todas las fantasías se harán posibles en un mundo de bits.
Los viejos periodistas locales, tocados por la musa de la escritura, optan por convertirse en blogueros con sus bitácoras hiperlocales, verdaderos documentos de una época que transcurre más rápido desde que la wifi flota como una nube azulada con el logo de Facebook o como el pájaro verdoso de Tuiter. Ahora hablan de “solicitud de amistad”, “mensajes privados”, “post compartido de forma pública”. Los grupos de “Remedianos en Facebook”, “100 % remedianos”, “Remedianos por el mundo” y “Parranderos en la web” conversan sobre los temas más cotidianos: el hueco de la calle, el nuevo vestido de la amiga, las pizzas de la esquina, una entrada de voladores a las cinco de la mañana.
Una amiga cuenta cómo reaccionó su mamá cuando conoció el acceso a la web: iba llorando porque en su época sólo se usaba la máquina de escribir y el correo postal. Nunca se imaginó que un dispositivo facilitara la comunicación entre ella y una persona al otro lado del mundo.    
La juventud es el sector de Remedios que más accede a la web mediante wifi.
Porque ahora Remedios está en todas partes, sus fieras cotidianas y leyendas se esparcen a través de la gran telaraña mundial. Otros fenómenos de otras partes del mundo virtual y real se pasearán por las calles rojizas de la villa. La ciudad fabula con sus celulares y sus pantallas táctiles, las torres de las Iglesias se reflejan en los banners de los blogs y los sitios webs. Los guajiros de la zona se intercambian SMS para avisarse los cambios de tiempo, las secas, los truenos, las malas cosechas, los movimientos de ganado.
Hoy más que nunca una leyenda local y mundial, la Octava Villa sueña en bits y su olor se impregna a  las casas de bambú en la selva asiática, las montañas nevadas de todas las cordilleras, las calles de una ciudad europea, donde quiera que hay una persona conectada a la web. Ese viaje virtual torna a Remedios más mundial  y al mundo más remediano.

    

6 nov 2014

Entrevista con el viejo eremita de la literatura


Era ya tarde cuando fui a entrevistar al Viejo Eremita. Lo hallé envuelto en una toalla  estilo Thomas Chippendale y un turbante hindú. Su pasión por el erasmismo lo llevaba a un conjunto de excentricidades, que al cabo se disolvían en una intrascendencia clave e inevitable.
El Viejo Eremita era tan viejo como eremita, nunca se le conoció por otros atributos a pesar de su multifacética producción literaria. Iba desde el cuento fácil hasta la pornografía barroca. Pero el papel que asumió como ser apartado y antiguo sustentaba una fama mundial, la cual servía de alimento a los entresijos de sus obras.
“Un Viejo Eremita no siempre fue viejo y eremita, como suelen creer”, estas palabras salieron de una boca fumadora y barroca. Como esas historias que hilvanaba en secreto y que nadie lee y todos dicen leer. Me explicó que su ceguera, otro atributo, no sólo era falsa sino verdadera. Falsa por carente de sustento real, y verdadera por irrebatible.     
“Cuando un hombre decide no ver, no ve nada”. Claro, él no veía, pero observaba más que los demás desde su torre de marfil. Su turbante le servía de antena para plagiar aquellas metáforas del aire que nadie usa, y la toalla estilo Thomas Chippendale era una especie de escudo medieval que lo mismo se usa en las nalgas que en el pecho. La utilidad de aquellos atributos físicos se vinculaba a la cábala y al deseo que tiene todo eremita a saber del encierro real de otros. “Porque el verdadero encierro es la libertad que  gozan los demás”, insistía en señalar a lo largo de la entrevista.
La Humanidad necesita de eremitas que encierren esa parte del hombre que es una bestia y que así logra la libertad más absoluta. Por lo general dos castas se destacaron en dicha tarea: los santos y los escritores. Ambas profesiones igual de intercambiables e inútiles. Aunque haya hombres sin tacha, la tacha sigue, aunque exista el arte, se hace aún contraarte.
Así que un eremita lo mismo pudiera encerrarse que no, ambas acciones resultan útiles e inútiles. La utilidad del encierro está en el encierro mismo, que resulta una virtud. Su inutilidad reside en que no cambia nada ni aspira a cambiar nada. De todas formas un eremita vive encerrado, así esté libre. En una muchedumbre se sentirá eremita.
Los mejores, como mi entrevistado, se iban a la casa, construían pobres chozas, echaban mano a torres improvisadas con palos, pintaban viviendas de pescadores en viajes a paisajes imaginarios. El acceso a su literatura, siempre escabroso, implicaba la entrada en un mundo de encierro. Para algunos lectores esos elementos literarios, como un cuarto, una cama, la máquina de escribir y la infelicidad; son sutilezas de otro encierro. Pero la obra de un autor es su primero, esencial y único encierro. 
Un eremita de la literatura tiene además otras cualidades. Hermetismo es el sustantivo que de inmediato los críticos cincelan a la entrada de esos encierros. Hermes, dios de la comunicación, encripta su mensaje para que sólo lo lea aquel avezado. Y así la poesía o el relato actúan como cartas privadas que un eremita escribe para todos, y que lee el elegido. De manera que la obra funciona como celda cerrada y jaula abierta.
Lo que para unos es celda, otros lo toman como la Puerta.
La Puerta es el único camino.
Sólo el eremita lo transita sin moverse de sitio.
En verdad el eremita se mueve.
Los demás lo vemos inmóvil, porque estamos como en  piedra.
Todo eremita es un Gran Móvil y mueve a los demás eremitas mensajes que a su vez moverán el movimiento colectivo. El móvil del eremita está en lo inmóvil, o lo que vemos como tal. Ellos deciden ver para no ver, nosotros no podemos decidir qué ver y por eso jamás vemos nada. Sólo el eremita en su caverna accede al fuego y vive dentro de las llamas.
La gran tragedia de mi eremita era su temor a que lo accedieran.  
El acceso era la transgresión y la burla a su erasmismo recalcitrante, la ruptura de la celda y la llave que se pierde. Volver al encierro se torna luego imposible. El eremita por su propia naturaleza rehúye dar la mano, saludar o decir “hola” aunque sea de lejos. Permite que se sepa de su vida sólo fragmentariamente y a través de los siglos, mediante hagiografías de santos escritas a mano corrida en medio de los monasterios.
Todo eremita es ante todo un monje, no importa de qué credo. Los hay literarios, pero también de la comida chatarra, el sexo, la falta de sexo, la soledad y la adicción a las muchedumbres que gritan y a la vez sostienen el silencio. Los que escriben historias o poemas a menudo tienen una celda en lo alto de un castillo, una jaula tapiada que da a la campiña. Le llevan la comida y él bebe y vive mientras oye el canto de los pájaros.
Todo eremita es el Eremita con mayúsculas. Lleva en sí el erasmismo mayor y lo guarda como una logia, jamás devela el misterio de su encierro ni la antigüedad de esos escritos. En una cronología de eremitas se sostiene que la finalidad última de esos hombres está en una Obra Mayor, cuyo trabajo consiste en proseguirla y dejarla siempre inconclusa. Aquel libro de libros trata sobre todos los libros, los escritos y los imaginables. Los inimaginables y los indecibles. De manera que los eremitas tienen un gran valor y a la vez carecen de valor; encarnan la superficie y viven en lo profundo; están en todas partes y carecen de residencia.
Esos erasmistas constituyen una logia sin logia, que jamás toma conciencia de su organicidad ni su estructura.  
Según la leyenda, los eremitas viven a la espera de un eremita de eremitas. Un plebeyo que vaya sobre un asno y diga la verdad sobre el libro siempre inconcluso. En manuales apócrifos se prueba la posibilidad de ese mesías, pero el credo de casi todos refuta su plausible venida. Por constituir libros sediciosos sólo se leen a la luz del candil, en noches donde resulta fácil la refutación y el arte negativo.
Aquel eremita de la literatura no estrechó mi mano, no saludó, sólo emitió  bocanadas de humo barroco en medio de la entrevista. Un encuentro que dejó casi nada que publicar. No le interesaba el futuro de su logia, porque se supone que nunca hubo un pasado o un presente. Tampoco le incumbía la palabra logia, o el término eremita. Ambas carecían de sustento si se ponían bajo miras metafísicas. Y la metafísica es el arte de indefinir lo indefinible. O sea de oscurecer lo oscuro.
Su ceguera habitual era voluntaria y declarada, sus escritos estaban en blanco, su mirada iba hacia la pared como el que se busca en las manchas de humedad. Aquella mirada era un cuadro polisémico, o sin sema. Como quiera que se le vea, el eremita erasmista estaba en un estado donde la verdad y la mentira carecían de peso, al punto de que ambas flotaban como equivalentes en ambos puntos de una balanza.
El sentido de una entrevista con el viejo eremita de la literatura pudo estar en conocer su aporte a esa historia inconclusa que jamás se ha de escribir. Un libro de libros que sólo los apócrifos prometen darle final, pero que estos hombres del desierto, los castillos y las letras inconformes y las páginas en blanco; jamás tomarán en serio.
El eremita no toma nada en serio, su vida sólo es seria cuando se abandona el encierro y entonces deja de ser vivida. La vida del eremita depende de su muerte constante, de que niegue entrevistas u oculte datos, de que no concluya el libro de libros, en que le suban la comida con rondanas hasta la ventana de una celda tapiada. El desierto es desierto gracias a los eremitas. No hay literatura, no hay sombras, no hay libros; sólo quedan estos seres de bocanadas barrocas que dicen y no dicen y viven en una contradicción que alguna vez será la única y real coherencia.



15 abr 2014

Q volá Blogsfera Cuba



La blogosfera cubana se vuelve inhóspita. No es la primera vez que escribo sobre un fenómeno que lleva a nuestras bitácoras a caer en sectarismos poco beneficiosos, o enfoques analíticos lejos del análisis. De una gran concertación que promulgaba el respeto al derecho ajeno, pasamos al coqueteo con una agenda única y de allí al desmiembro. No se supo coordinar la gran diversidad que tenemos, ni se encausó la riqueza humana que supone tanta gente de talento. Por el contrario,  rápida y parcial, Blogosfera Cuba se metamorfoseó en un directorio de blogs, cuya fría apariencia denota la frialdad del proyecto hoy por hoy.
Lamento que desde la concertación que tuvimos, algunos de nosotros hallamos puesto demasiada confianza en unos pocos. Creí que al fin, a través de los blogs, la prensa nacional tendría ese oxígeno que necesita. La ilusión de ganarnos un espacio institucional, un reconocimiento, pereció en manos de quienes creyeron un derecho definir agendas y estructuras. Así se estigmatiza la diferencia y los hilos de la uniformidad entorpecen un proyecto que contaba con ventajas para el triunfo. Mas ya las cartas se pusieron en la mesa, y cuando pudimos ser un foro interno diverso con un rostro diverso y coherente hacia afuera; preferimos que el chancleteo se adueñase y ahora mismo el proyecto es su propia sombra.
Esta crítica, resultante de tanta observación, la suelto luego de que pudiese constatar que en efecto somos un directorio de blogs y no la más amplia red de corresponsales blogueros a nivel nacional. Ni tira tiros ni mercenarios, esa era mi idea de lo que no debíamos ser los nuevos periodistas ciudadanos. Más allá de unificar la agenda en determinados momentos, previo consenso; se hizo evidente la presencia de fuerzas reguladoras desde afuera, las cuales intentaron clonar enfoques ya fallidos en el campo de la comunicación institucional. ¡Ni hablar de quienes por su antigüedad, número de visitas, pedigrí periodístico, diseño web o influencia grupal; creyeron que merecían un papel opinativo preponderante! La maña napoleónica nos llevó a quedarnos sin subalternos, y nuestro Waterloo empezó con aquel desdén hacia iniciados o poco informados, que también querían bloguear y ser protagonistas de una idea mayor.
Me mantuve callado en la concertación de Blogosfera Cuba,  no suelo batallar en terreno ajeno, sin conocer tampoco contra qué o quiénes lucho. Pero transcurridos unos meses, en los cuales participé y tomé distancia alternativamente con respecto al proyecto; digo que el asunto enfrenta una crisis y sólo una segunda concertación podrá salvarlo. Vernos las caras y decirnos: “fallamos”. Las estructuras de mando, de tan laxas, cayeron en el personalismo, y a estas alturas difícil será lograr incluso otro nivel de convocatoria física de relevancia. Hay que tomarnos en serio el asunto, lo cual no significa ser aburridos, sino efectivos.
La revista, publicación que hasta ahora me es desconocida desde mi conexión pueblerina y precaria; ha tenido un impacto indudablemente escaso en la sociedad. Los mecanismos publicitarios fallaron y el hecho no pasó de un acontecimiento artesanal, con escaso nivel de reconocimiento fuera de marcos estrictamente endógenos. No basta con un buen diseño, ni con textos llamativos y bien escritos. Toda revista presupone una personalidad mediática bien definida, y estrategias comunicativas que la den a conocer, sobre todo en públicos potenciales.
Agradezco el espacio que se me brindó desde un inicio en Blogosfera Cuba, así como la amabilidad de sus miembros sin excepción. No acuso a nadie de errores en los que yo mismo no haya participado, ni de los cuales no sea cómplice al menos desde la inactividad. El programa de radio que en mi emisora producimos durante dos meses, testimonió el entusiasmo de muchos blogueros por un proyecto que prometía. Mas aquel espacio en el espectro radiofónico nacional salió del aire, y cuando una misiva a la dirección de mi centro de trabajo pudo resolver mucho; nuestra manía napoleónica dictó el final del único impacto institucional de la blogosfera cubana en los medios oficiales.
Como tengo fe en la bondad de los cubanos, creo en limarnos los defectos y concertarnos otra vez. No somos los blogueros sólo un grupo enorme, dividido en subfamilias por afinidades juveniles. Hay un compromiso con la seriedad, toda vez que se publica o dice algo. La confianza la merecemos todos, así como el protagonismo. Sería fatal que el estado destructivo de Blogosfera Cuba quedase tal y como luce, o tal vez peor. Si creímos en el proyecto, si no fue una farsa o un escenario chancletero alguna vez; hora ya de que lo rescatemos para darle su brillo y dignidad. De lo contrario, ese frío directorio de bitácoras terminará derretido.  






 

26 feb 2014

De (V)elta a las parrandas






Ya sé que en las redes sociales, ese mundo laberíntico e infinito, los temas de índole local se supeditan a otros de naturaleza más universal. Pero la presencia de tópicos comunitarios tomará lugar en un mundo donde la alternatividad de los enfoques periodísticos, coloca a la pequeña emisora en iguales condiciones que los medios tradicionales para acceder a la información y difundirla. Periodismo ciudadano, se llama el fenómeno.
Por ello comienzo este comentario hablándoles de San Antonio de las Vueltas, un poblado perteneciente al municipio de Camajuaní, en la provincia cubana de Villa Clara. Su vida es monótona y depende todo el año de actividades como la agricultura y el comercio de los productos de la propia tierra. Pero desde el siglo XIX, una tradición paraliza dicho lugar, y lo convierte en hervidero de tradiciones. Dos bandos, azul y rojo, Ñañacos y Jutíos, se disputan una victoria tan simbólica como imprescindible.
 Guiados por las sombras de un gallo y un gavilán, ambos de papel maché, las parrandas voltenses constituyen una muestra del más sabio arte popular, donde florecieron figuras como Cumba Colón o el conocido popularmente como “Coco”, cuya carroza de tema tailandés fue la delicia de los asistentes. A este último proyectista estuvo dedicada la festividad, por una vida consagrada al reconocimiento de los suyos, de sus vecinos y familia más allegados.
Sé que el tema pudiera parecer alejado de la modernidad, el arte de vanguardia, las polémicas digitales, el periodismo de barricada, la comedia de las banalidades;  en fin. Pero nadie sabe el valor que para un pueblo tiene sentirse reconocido cada año como artista, como demiurgo creador en medio de una larga faena de trabajos cotidianos. El dios Baco desata entonces sus excesos y la belleza desborda todo sueño posible.
Las parrandas, Patrimonio Cultural Cubano, son eso; un nacimiento constante, que no una reiteración. El antropólogo Mircea Eliade propone en su teoría sobre los mitos y rituales, que cada comunidad necesita de fuegos y músicas que la hagan retroceder a tiempos primeros, sobrenaturales, gloriosos por desconocidos. Una idea muy platónica que nos trae de vuelta la historia de los dioses creadores, la vida de los héroes, y purifica el presente con los hálitos sagrados de otros momentos. A través de fiestas colectivas donde prima el disfraz, la máscara, la inversión de realidades, el carnaval y la carne ofrecida al paganismo; los humanos ofrecen el sacrificio, queman los signos del pasado absurdo. Entonces, San Antonio vuelve más vivo, y con esa vida vivifica a los muertos vivos de hoy. 
Lázaro ante el conjuro del milagro se levanta y demuestra que lo posible se queda chico ante lo insólito. La fe recobra su poder y las montañas del valle que rodean el pueblito parrandero se conmueven, mas nadie escucha el terremoto. Ya las lluvias de fuego acallaron aquellos fuegos internos, y los sacerdotes apagan la furia de los danzantes. Todo termina con un entierro, entre jocoso y bandolero, entre riña y sonido de rumbas. El muerto vivo es un gavilán de papel maché, no importa. Todos creen en la muerte, con la misma intensidad con que viven. El canto de un gallo  recuerda que algunos añoran otra vez el vuelo de su gavilán. La guerra no termina, ahora se inician los trabajos y la fatiga, en un año los sacerdotes evocarán a los dioses y el eterno retorno traerá la música de los antiguos. Así anda Vueltas, devuelta a sus parrandas, para purificarse, para que el espíritu prevalezca.    


23 oct 2013

Blue Boy



Lo seguí desde aquel encuentro en el metro, iba vestido como un perfecto extraterrestre, con sus gafas enormes y aquella bufanda, la calva incompleta, la tristeza perenne y esos hombros caídos de blue boy. La palabra blue significa literalmente “azul”, pero nada en Woody Allen es literal, todo confluye en un caos a veces nihilista, pero profundo, descarnado, hondo como las volutas de humo de Manhattan.
Nos perseguimos mutuamente, a veces yo me quedaba absorto a lo lejos, con la vista puesta en su soledad de café de mala muerte. Sus ojos llenos de tristeza, el cabello escaso, tan escaso como sus años de matrimonio feliz. Se casó muchas veces, siempre en son de fracaso. Su vida era un caos, la mía también. Nunca me he casado. Juntos hubiéramos desentrañado el sentido de la tristeza, del mundo. Ni Santayana, ni Kant. Nadie como nosotros para lograr la alquimia perfecta de la obra de arte experimental, orgánica, transgresora, al estilo de robóticos personajes de Sade.
Aquella persecución a través de Nueva York nos llevó a pequeños antros donde tiempo y lugar se diluían, como las tramas de sus películas. Unas veces él aparecía bajo el manto de un misionero hindú al servicio de cualquier potencia espiritual, mientras mis aspiraciones de mago o de metafísico se iban a la ruina. Éramos malos en el sexo, o al menos eso creíamos Woody y yo. Pero no dejábamos de escribir sobre monjas violadas, cajas secretas donde ocurren orgías impensables, desapariciones que fungían como verdaderos mensajes del más allá.
Me descubrí como un doble de Woody mientras doblábamos la esquina de alguna avenida de locos tocadores de cláxones. La gente anda sin sentido, demente, abarrotando las calles de improperios, ya nadie cita a Buda ni conocen el concepto platónico de amor. La gente es miserable, inconsciente, carece de metas, andan como bestias. En una película ambos salíamos como villanos, quemábamos medio mundo, y luego nos íbamos de vacaciones a Europa, mientras la crítica era un absurdo insecto de quinta categoría que entretenía sus últimos minutos haciendo de guardián del orden.
La palabra blue significa azul, pero si nos guiamos por la escritura automática y los designios a la deriva de un cadáver exquisito, creo que al final todo tendría sentido, o lo mismo da. El sentido es un invento para bobos, retardados pintores de extrañas musarañas vendidas como cuadros de Van Gogh a viejos pedófilos y de cortos pijos. La palabra blue funciona como catalizador de la nueva peli de Woody. No la he visto, pero como buen doble que soy (también funjo como doble de Bukowski, en mis días de asueto, en otra dimensión de la locura), creo adivinar que la cinta intenta resarcir a quien se enamorara de tantas adolescentes, a ese moderno Chopin, tejedor de su muerte, que besaba pequeñas en los escondrijos del jardín de Madame Sand. Otra entrega europea, que como aquella Medianoche en París, retrata el universo inestable, sin tiempo, del artista.
Como pájaro enjaulado, Woody Allen ha llegado a la madurez (o quizás a la total falta de madurez) y esta entrega nos trae una mente más macabra, soñadora, desvariada, cruel. Tierna, sincera, artística, alleniana (no en el sentido de Allen Ginsberg), triste como son todas sus entregas. Alguien recién me dijo que cada película del Blue Boy suena a Blue Boy, aunque el semicalvo y alocado Woody no actúe. Sus marionetas funcionan como ecos, resonancias de la tristeza, del azul. No he visto Blue Jazmine, la última cinta de mi director favorito, una obra que quizás nos explique “todo lo que siempre quisimos saber sobre Allen y que nunca nos atrevimos a preguntar”, incluyendo sodomía, sexo, rebelión, zonas paralelas de la mente, tristeza, mucha tristeza.  La tristeza de un Blue Boy exiliado del matrimonio y de Nueva York, que anda cabizbajo, con las manos en sus bolsillos citando quién sabe qué sabios de qué dimensión paralela.

1 oct 2013

Imposibilidades del diario de Franz Kafka


21 de julio de 1913
Enumeración de todos los argumentos a favor y en contra de mi matrimonio:

1.     Incapacidad de soportar la vida, lo que no es incapacidad de vivir, sino lo opuesto; tal vez sea improbable que soporte la vida con otra persona, pero soy incapaz de soportar a solas el asalto de mi propia persona, las garras del tiempo y de la vejez, la vaga opresión del deseo de escribir, el insomnio, la proximidad de la locura. Quizás junto naturalmente todo esto. La relación con F. dará a mi existencia una capacidad mayor de resistencia.
2.     Todo me da que pensar, inmediatamente. Cualquier chiste del suplemento cómico, el recuerdo de Flaubert y de Grillparzer, los camisones preparados por la noche sobre la cama de mis padres, el casamiento de Max. Ayer mi hermana dijo: “Todos los casados (que conocemos) son felices, no puedo comprenderlo”; también esta observación me dio qué pensar.
3.     Necesito estar mucho tiempo solo. Todo lo que he producido es simplemente un producto de la soledad.
4.     Odio todo lo que no se relaciona con la literatura; me aburre seguir una conversación (aún cuando se relacione con la literatura), me aburre hacer visitas, las penas y las alegrías de mis parientes me aburren. Las conversaciones me roban la importancia, la seriedad, la verdad de todo lo que pienso.
5.     El temor del vínculo, de pasarme al otro lado. Porque ya no estaré nunca más solo.
6.     Delante de mis hermanas, especialmente en otras épocas, soy a menudo muy distinto de lo que soy delante de los demás. Temerario, expuesto a todo, poderoso, sorprendente, conmovido, como sólo lo soy cuando escribo. ¡Si por lo menos pudiera aparecer así delante de todo el mundo, por obra y gracia de mi mujer! Pero entonces, ¿no sería a expensas de lo que escribo? ¡Eso no, eso sí que no!
7.     Sólo, quizás pudiera algún día renunciar realmente a mi empleo. Casado, ya me sería absolutamente imposible.
Hoy conseguí el Libro del Juez de Kierkegaard. Como me imaginaba, su caso, a pesar de ciertas diferencias esenciales, es muy semejante al mío, por lo menos se encuentra del mismo lado del universo. Me confirma, como un amigo.
21 de agosto de 1913
Vivo en el seno de mi familia, entre las personas mejores y más amables, como un desconocido entre desconocidos. Durante los últimos diez días no habré hablado un promedio de más de veinte palabras por día, con mi padre apenas cambio de vez en cuando un saludo. Con mis hermanas casadas y con mis cuñados no hablo en absoluto, sin tener por supuesto nada contra ellos. El motivo de este proceder es que no tengo nada que decirles, ni lo más mínimo. Todo lo que no sea literatura me aburre y me inspira odio, porque me perturba o hace perder el tiempo, aunque sólo sea por sugestión. Me falta todo sentido de la vida familiar, excepto como observador en el mejor de los casos. No siento ningún interés en los parientes, y las visitas casi me parecen un castigo.
6 de agosto de 1914
Contemplado desde el punto de vista de la literatura, mi destino parece bastante simple. El deseo de representar mi fantástica vida interior ha desplazado todo lo demás, y además la ha agotado terriblemente, y sigue agotándola. Ninguna otra cosa podrá jamás conformarme.

15 jul 2013

La Blogo a prueba de fuego

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Uno de los acuerdos más importantes del taller nacional de la Blogosfera Cuba fue la decisión de abrir una revista donde tuviesen cabida los post más destacados del mes, así como otros materiales de interés relacionados con el tema “blog”. El objetivo central de la publicación consiste en implementar un documento en formato PDF que circule de mano en mano, a través de memorias flash. O sea, una especie de internet sin conexión, al servicio de ese pueblo deseoso de otro periodismo, una voz disímil y plural, construida a partir del consenso de todos.
Me pareció excelente el asunto y casi de manera fortuita caí dentro del equipo editorial que tiene la tarea de sacar adelante el proyecto. Ahora bien no resulta fácil concebir una publicación de este tipo, pues debemos desarrollar dos líneas esenciales: la primera es no suponer competencias tecnológicas ni de ningún otro tipo en los lectores, la segunda consiste en brindar el contenido de la forma más entretenida posible sin abandonar el didactismo que presupone un público poco ilustrado en el internet.
Si se logra que esa persona nos conozca y  busque a través de ese PDF, a pesar de no poseer conexión, creo que habremos ganado un gran trecho en la batalla que la Blogosfera Cuba libra por su visibilidad. También deviene en elemento positivo que la comunidad se siga extendiendo por todo el país y así disponer con una extensa red de corresponsales, los cuales contarían esa realidad otra que imponen las bitácoras.
Como casi no hablé en el evento de blogueros (padezco de claustrofobia a la inversa),  elidí mi punto de vista acerca de otras cuestiones de suma importancia y ahora lo lamento. Por ejemplo, creo que un buen nombre para la publicación hubiese sido “Bitácora” y quizás incluir algún pequeño slogan que sin dejar de ser llamativo, remitiera a la comunidad que dice representar. Se trata de un asunto de marketing, pues usar un mismo apelativo para todo podría generar confusiones entre los formatos que usamos para nuestra difusión, ya sea la web, la revista o el programa de radio sobre la blogosfera. En cuanto a este último aspecto, me toca muy de cerca pues estoy a cargo de dicho espacio. @radiocaibarién es una revista digital que usa las ondas hercianas para llevar al pueblo sin internet las novedades de la red de redes y por supuesto, el periodismo de los blogueros y su manera particular de narrar la isla y establecer polémicas al respecto. Aún persiste  la limitante tecnológica, pues ya van dos salidas de dicho programa al aire en mi emisora regional, pero el audio en postcast permanece sin ponerse a disposición de los usuarios de la web.
Hay que seguirnos concertando, no podemos ver el asunto que ocurrió en el Martin como un suceso transitorio. Quizás estemos a las puertas de un medio de prensa de nuevo tipo, más ciudadano e inmediato. No sería mala idea que los periodistas de la televisión que forman la comunidad abran un canal en you tube sobre la Blogo, y publicar al menos semanalmente un reportaje sobre la temática digital. Mientras más socialicemos estos mensajes, estaremos cerca de nuestro público natural, el cubano de adentro, ese que tanto mentamos en los posts, pero que rara vez nos lee. Pienso que dicho objetivo debe guiar la acción de la Blogosfera Cuba, una comunidad llamada a pasar su prueba de fuego con prontitud o simplemente integrar un capítulo más entre los experimentos de su tipo ya intentados.