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9 oct 2014

Los Hijos de Cuba (comentario)



Para los cubanos que se levantaron un diez de octubre del 68 la Patria, escrita con mayúsculas y dicha con grandeza, era una isla lejana. Sólo algunos la avistaron a través de los siglos de viajes desde la llegada del Gran Almirante. El Padre Varela por ejemplo la vio libre y pura, llena de piedad. Y aquel otro, que era José de la Luz y daba luz, arrojó luz sobre la cuestión cubana, con la intención de iluminar el camino.
Cuando Céspedes y los suyos decidieron que Patria era el camino más seguro para llegar a República y que sólo la igualdad garantiza la libertad, la tierra de Oriente tembló. Siglos de opresión se fueron como se van las sombras ante el día, y de aquel sol salieron lágrimas de dolor por los muertos y alegría por la nueva vida.
No siempre se ve nacer una Patria, y aquellos que tienen la oportunidad lo cuentan como un hecho casi sobrenatural. No siempre el hombre llama hermano al hombre, ni la tierra da el fruto que debe dar. Porque en Cuba la tierra dio amargores que enfriaron la caña de azúcar en veneno y luego en sangre y huesos.
De los huesos de los esclavos salió el espíritu nuevo. De pecho de los patricios y los letrados nació el espíritu viejo del caballero. Cuando Céspedes levantó su bandera y en claro español cubano dijo: ¡Libertad y Patria!, estaba haciendo de su vida la nuestra, y de su muerte la de muchos. Un hombre nunca está solo cuando sirve a muchos, ni un hombre se equivoca cuando es justo.
Aquel momento de hombres justos, aquel diez de octubre profético, marcó el inicio de una Patria cara, gigante en dignidad y cara por querida casi en exceso. De esos hombres justos estamos hechos, en aquellos tiene Cuba sus verdaderos hijos.

25 mar 2013

Bloqueo mental

Frente al papel sentía bloqueo mental, pero no bien salía a la calle y las ideas le comenzaban a surgir. “Simplemente no puedo escribir lo que siento”, se quejaba. Pensó que anotarlo todo en un papelito mientras caminaba por la ciudad era la solución. Tampoco dio resultado: el bloqueo se tornó persistente. Vio entonces que su carrera estaba acabada, que nunca más escribiría. Envidió a los demás autores, a quienes creía afortunados, llenos de inspiración y capacidad de trabajo. Estuvo años compadeciéndose, carcomido por esas ideas que lo asaltaban en plena calle y que luego languidecían como estrellas moribundas. Como había dejado de leer las revistas literarias, no se dio cuenta de la total ausencia de las mismas, ni del cierre de las librerías, ni de la quiebra de las editoriales. Mucho menos del suicidio de la mayoría de los escritores contemporáneos. El bloqueo era una plaga generalizada, todos hablaban de la muerte de la literatura. Él simplemente no se enteró de nada y durante muchos años, antes de quitarse la vida, tuvo esas ideas grandiosas, bellísimas, en plena calle, que excedían su capacidad de escribir. 

18 feb 2013

Los silencios del verso

Las tardes de poesía con el escritor remediano Luis Manuel Pérez Boitel son siempre reveladoras. Para él la creación es ese acto trascendente donde el mundo se muestra a través de la bella imagen. Como cultor de la mayor sabiduría posible, este hombre sencillo, amante de su pueblo provinciano, no deja de sorprender a lectores y críticos. Sus libros son como dardos que aciertan con novedad y atrevimiento. Una voz fresca y lírica que desde hace años se alza en nombre de la hermosura del verso. En esta ocasión alcanzó el Premio Nacional de Poesía de Amor, que se otorga cada año en la ciudad de Varadero. Sobre este hecho y acerca de la creación misma como esa visión distinta de la vida, estuvimos conversando.
¿Qué le parece si comenzamos hablando un poco sobre el significado de este certamen literario en el contexto cultural cubano?
Es un premio que tiene una historia muy hermosa, antiguamente se publicaba el texto ganador en un afiche, y eso provocaba una suerte de encanto entre los creadores. Este año la convocatoria no sólo incluía a los cubanos residentes en la isla, sino a la diáspora. Se ofrece en el marco del Día de los Enamorados y… ¿qué escritor no le ha cantado al amor? Toda la poesía que uno puede hacer es de amor, alguien en una ocasión me pidió que leyera unos versos sobre esa temática y yo abrí una de las antologías que tengo publicadas y seleccioné cualquier texto al azar, porque considero que el amor es mucho más dimensionado que una relación interpersonal. La poesía no se puede encuadrar, su concepto va a distintas aristas de la vida, del aliento humano.
Creo que este es un premio más que al amor, a un acto de valentía, de decir las cosas, de asumirlas y legitimarlas. 
¿Y qué propuestas estéticas cree usted que vio el jurado en su poema?
Me interesa mucho la lectura a nivel de subtexto e interlíneas. Esos silencios del verso, sus matices,  cómo todo se va desdoblando. Hay una especie de visualidad, de sentido iconoclasta en la creación literaria. Más que leer palabras, uno recibe los espacios, el andamiaje de la poesía. Estamos hablando de un sentido de la comunicación que te muestra todas las búsquedas posibles de la vida, del espíritu. De ahí la importancia del receptor, del lector, a la hora de decodificar un cúmulo de imaginerías literarias, por llamarlas de alguna manera.
¿Cuál es tu opinión acerca de la poesía cubana en estos momentos?
Grosso modo, yo la veo bien, porque yo creo que para que exista lo bello también tiene que estar lo feo. Hay un abanico múltiple, policromático, diverso, de grandes búsquedas ontológicas. Muy al sentido de lo cubano, de lo insular, desde lo diverso. Yo pienso que la catarsis está en la crítica, que es muy mala, pues está muy parcializada desde determinados cenáculos o revistas, que son muy peligrosos.
Más que el estado que pueda tener la poesía cubana, yo hablaría de la necesidad de que esta dialogue con las vanguardias de América y del mundo. Pues los poetas se están leyendo a ellos mismos y eso puede encerrarnos en una especie de embotellado nacional. Las instituciones deben apostar por propiciar ese intercambio entre lo mejor de la poesía cubana y el resto de la creación universal. Hay que darle espacio a las verdaderas voces de la isla, y así llevar al público lo que resulta una buena literatura. Como este país se lo merece. Este pueblo es culto y para mantener ese status necesita conocer, estar en ese universo superior, que tiene que ser siempre emancipador, más múltiple, más plural, que lo enriquezca como ser humano.



14 dic 2012

La consagración


Un cuento perteneciente a mi más reciente ficción Alquimias estrafalarias
Este torturador era muy cuidadoso, casi un artista. Tenía la capacidad de llegar al límite, de poner a sus prisioneros al borde de la muerte, aterrorizándolos con la idea, pero sin quitarles la vida. No obstante, él creía que su talento estaba subempleado, pues el asesinato y no el mero coqueteo con las víctimas era su verdadera vocación. Una vez dijo que se sentía con  aptitud suficiente para cometer la ejecución perfecta, de forma tal que todo el mundo, sin excepción, lo aplaudiera. 
-De acuerdo –respondió el Alcaide de la prisión- mañana mismo arreglo ese asunto.
En efecto, a la salida del sol el anfiteatro estaba listo para la obra maestra, no había patíbulo, ni horca, ni guillotina, simplemente un escenario, desde el que sonreía el torturador aspirante a verdugo. Y el público, por supuesto, ansioso, abarrotando los asientos y parado en los pasillos y colgado del techo. Trajeron a la víctima perfecta para la ocasión, aunque el infeliz lucía en la cabeza un antifaz negro, todos reconocieron al artista censurado Hans, famoso por la delicadeza sin tacha de sus cuadros, quizás el alma más sensible de la comarca y el creador por excelencia de este siglo.  
El Alcaide pidió que no se demorara más el asunto y leyó una nota donde condenaba al reo por crear obras demasiado sublimes, perfectas, provocando la envidia de los demás seres humanos. Hans parecía aceptarlo todo, con tranquilidad. Así que sin más, el aspirante a verdugo dio unos pasos y, con una espada, le cercenó la cabeza al artista, la cual fue a dar a las manos de una entusiasta jovencita de unos trece años. El público rompió en arrebato, llovieron las aclamaciones. La ejecución se había hecho con extrema limpieza, sin sangre, sin gritos de la víctima, ni lágrimas, incluso el cuerpo sin vida aplaudía desde el suelo. La consagración.
El verdugo estaba muy feliz, aunque sabía que ese era uno de los últimos días de su vida. A la salida del anfiteatro todos coincidieron en que el ejecutor había llegado a la excelencia, creando una obra demasiado perfecta. Dijeron esto con envidia.